Edición 2592: Jueves, 30 de Mayo de 2019

Colapsando

Escribe: Fernando de la Flor Arbulú * | “Y eso es lo que está sucediendo hoy en el país: estamos colapsando institucionalmente”.

El país recuerda el triste final del que fuera Consejo Nacional de la Magistratura (CNM), aquella banda de los Cuellos Blancos que manejaba el sistema de justicia. Todos sus miembros fueron destituidos, y ese hecho generó la propuesta del referéndum. Y fue la inmensa mayoría ciudadana la que decidió que se crease la Junta Nacional de Justicia (JNJ), como organización encargada de nombrar y destituir jueces y fiscales.

Se acaba de llevar a cabo el examen a quienes postulaban para integrar la JNJ. De 104 inscritos, esta primera prueba la han pasado únicamente 3. El 97% ha sido desaprobado. Y los meses siguen transcurriendo sin que exista una institución encargada de sancionar a jueces y fiscales corruptos, quienes continúan administrando justicia.

Pregunta: ¿dónde estuvo la falla? Porque si hay algo que debe quedar claro es que el proceso reviste una manifiesta anormalidad. ¿Fue el examen o los postulantes? La respuesta es evidente: no resiste el menor análisis que se sostenga que el examen fue idóneo ahí donde únicamente 3 de 104 lo aprobaron.

Pero el referéndum se realizó, también, para ejecutar una reforma política.  El descrédito de los partidos y la deslegitimación del Congreso, la hacían impostergable. Y la ciudadanía, nuevamente, se pronunció de manera contundente.

En estos días, precisamente, se ha reavivado el enfrentamiento entre el Gobierno y el Congreso. El motivo: las iniciativas sobre los cambios que se requieren en el sistema político. La primera de ellas, ha sido rechazar cualquier regulación sobre la denominada inmunidad parlamentaria.

El Poder Ejecutivo ha planteado que sea la Corte Suprema la que decida cuándo y por qué puede retirársele a un congresista el privilegio de no ser procesado ni detenido durante su mandato. El Congreso ha considerado, sin mayor trámite y ningún debate, que dicha propuesta afecta el principio de que los parlamentarios no están sujetos a mandato imperativo.  

Estas desavenencias, a su vez, han reabierto tratar acerca de instituciones jurídicas constitucionalmente reguladas, como la cuestión de confianza y la disolución del Legislativo.

Nuevamente, otra pregunta: ¿es acaso aceptable que por una mera discrepancia, perfectamente arreglable, vuelva a ponerse en cuestión la estabilidad del país, sugiriendo recurrir a la cuestión de confianza y, eventualmente, al cierre el Congreso? Tanto uno como otro mecanismo son lo suficientemente serios como para estárselos manoseando como está ocurriendo.

Colapsar significa disminuir, implica decrecer, conlleva interrumpir. Y eso es lo que está sucediendo hoy en el país: estamos colapsando, institucionalmente.  

Estoy convencido que la Comisión Especial encargada de designar a los miembros de la JNJ, no tuvo intención alguna de producir el nefasto resultado obtenido para cumplir su encargo. Pero ahí está la realidad.

No estoy seguro, sin embargo, que el Congreso no haya generado el impasse surgido sobre la inmunidad parlamentaria para volver a tensar las relaciones con el Gobierno.

*Abogado y fundador del Foro Demócratico