Edición 2591: Jueves, 23 de Mayo de 2019

Sorpresas y Conmociones

Escribe: Fernando de la Flor Arbulú * |

Hace algunas semanas estuvo de visita en el Perú un viejo amigo. Él vive fuera del país, con su familia, hace años. En los pocos días que estuvo fue testigo de hechos absolutamente inusitados. Lo dejaron perplejo dos sucesos ocurridos uno detrás del otro: la orden de detención contra Pedro Pablo Kuczynski (PPK), después dejada sin efecto, y el dramático suicidio de Alan García. Balbuciente, antes de regresar, me dijo que en el lugar donde vive van a la cárcel los sentenciados en juicio y se suicidan los deprimidos.

La vertiginosidad de los acontecimientos en nuestro país es francamente abrumadora. Los hechos anotados, ahora, son historia. La coyuntura sigue sorprendiendo.

En esta columna, con ocasión del fallecimiento de nuestro recordado  Julio Cotler, hice un comentario acerca de las paradojas que nos depara la vida: y es que constituye todo un simbolismo que Julio, un demócrata convicto y confeso, haya partido precisamente un 5 de abril.  

Luego, abordé la sustancial diferencia en el trato sobre la libertad de las personas, comparando los casos del tristemente célebre exmagistrado supremo César Hinostroza, quien no obstante que vaya a ser extraditado sigue libre en España, y el de PPK, a quien se solicitó detener a pesar de su avanzada edad y su delicado estado de salud.

Pero mientras hacía dichas comparaciones, Alan García se descerrajaba un tiro en la cabeza, acabando con su vida, dando lugar a toda clase de comentarios, como antesala de las declaraciones de Jorge Barata, el representante de Odebrecht en el Perú, así como las posteriores de su testaferro, que confirmaban los niveles de corrupción, sin atenuantes, de nuestra clase política y parte de la élite empresarial.

De hecho, no es usual que tal cantidad y velocidad de sucesos puedan procesarse con normalidad. Es como una suerte de duelo permanente, sin pausa. Imaginar que todos los días se nos muere algún ser querido, no es para lo que estamos preparados.

Por eso, el desconcierto ciudadano debe ser enorme. Lo más probable es que los quehaceres de la vida misma no nos hayan permitido, todavía, internalizar los sucesos, analizarlos ponderadamente y extraer nuestras propias conclusiones. Es demasiado en muy poco tiempo.

El Perú requiere, como sociedad, por lo que ha ocurrido, está sucediendo y por lo que vendrá, un momento de sosiego para examinar y procesar los acontecimientos de los cuales hemos sido testigos durante estos últimos tiempos.

Que quienes hayan personificado a la nación y nos hayan representado como gobernantes elegidos por la voluntad ciudadana, estén en la cárcel, o con orden de detención, o se hayan quitado la vida por voluntad propia, representa algo, encierra un mensaje, tiene un significado, conlleva una realidad.
Interpretar cabalmente dicho fenómeno y todo lo que del mismo se deriva, es nuestro desafío futuro.  

*Abogado y fundador del Foro Demócratico