Edición 2589: Jueves, 9 de Mayo de 2019

Demagogia Pura y Dura

Escribe: Fernando de la Flor Arbulú * | “Utilizado para ganar credibilidad popular sensibilizando las más primitivas emociones”.

La demagogia es una degeneración de la democracia, dijo Aristóteles en su lejano tiempo. Se entiende como tal a una estrategia para conseguir poder político apelando a emociones, a fin de ganar apoyo popular. La demagogia y el sentimiento van de la mano.

Andrés Manuel López Obrador, actual presidente de México, es un personaje desconcertante. Apenas cumplidos cinco meses del largo mandato de seis años para el que fue elegido, se le ha ocurrido recurrir al más disparatado medio demagógico: emplazar al Rey de España, Felipe VI, y al Papa Francisco, mediante cartas, para que pidan disculpas por los abusos cometidos contra México durante la conquista de hace quinientos años. Según López Obrador, dichas injustas expoliaciones se hicieron blandiendo la espada (del Imperio de ultramar) y la cruz (de la Iglesia Católica).
El insólito anuncio ha merecido inmediatas reacciones, pero, en especial, de dos personajes de la cultura (no de la política), ámbito desde donde usualmente vienen las clarividentes y certeras precisiones.  

Arturo Pérez Reverte, celebrado escritor español, quien, cuando escribe, hace de la palabra un puñal, ha declarado que López Obrador, o es un imbécil o un sinvergüenza. Es lo primero si no conoce la historia, y lo segundo si la conoce. Hace quinientos años no existían ni México ni España como Estados. Y, Mario Vargas Llosa, ha dicho que  el presidente de México se equivocó de destinatario: que debió enviarse las cartas a él mismo, y responder por los cinco siglos de explotación de sus poblaciones nativas, que aún sigue vigente.  

Pero lo importante es rescatar, para el análisis, el instrumento de la demagogia, usualmente utilizado por los políticos para ganar credibilidad popular sensibilizando sus más primitivas emociones. Donald Trump se ha erigido en el paradigma (por ahora exitoso) de este antiguo recurso.

Guardando las distancias y las circunstancias, así como los distintos grados de ignorancia, recientemente en el Perú una congresista ha declarado que el presidente Vizcarra es un inepto porque no resuelve los problemas del país, y está llegando al extremo de anunciar su vacancia; y otro congresista se ha permitido sugerir que el Primer Ministro, Salvador del Solar, deje de actuar porque el Perú no es un teatro. Ambos son vacuos recursos demagógicos, no obstante lo cual han concitado la atención de la política nacional.

Ignoro si el presidente de México quiso saltar al escenario mundial con su ridículo emplazamiento, o simplemente compensar sus deficiencias gubernamentales internas. De lo que sí no tengo duda es que nuestros dos políticos nacionales, aquella congresista de la incompetencia adjudicada a otros (sin mirarse a sí misma), o el de la actuación teatral de terceros (sin tampoco contemplarse en el espejo), han apelado a la demagogia pura y dura.

*Abogado y fundador del Foro Demócratico