Edición 2585: Jueves, 11 de Abril de 2019

Las Bambas de Fiori

Escribe: Fernando de la Flor Arbulú * | “Fiori sintetiza el profundo desprecio por la ley y la necesidad de encararlo y resolverlo”.

Los servicios que presta el Perú a la ciudadanía han colapsado. El Estado puede decirse que está fallido.

Las Bambas, la disputa entre una empresa minera, Comunidades Andinas y el Gobierno (que habría encontrado una salida aunque con pendientes), que hemos empezado a conocer los peruanos en toda su magnitud, así como Fiori, la estación clandestina que ha originado que 17 personas mueran en el incendio de un bus, son las más claras muestras del colapso del Estado peruano.

He advertido de un tiempo a esta parte, ante el caos del tránsito limeño, que previamente a cruzar cualquier entrampamiento de micros, motos, taxis, peatones y autos, bajo la ventana de mi vehículo y coordino con quien está a mi costado para decidir quién cruza primero. Y acordamos que sea él o yo, lo que mejor convenga. Y funciona.

Eso, en el Perú de hoy, se ha perdido. La comunicación elemental para lograr el resultado más eficiente, simplemente, no existe. Por eso el caos en el cual vivimos actualmente.

Las Bambas, no obstante la eventual solución,  resume un desencuentro social de culturas distintas y pretensiones discordantes: Comunidades Andinas que han tenido que renunciar a seguir viviendo en su hábitat natural, las cuales, en obsequio del progreso, se han trasladado a otro lugar; una empresa minera moderna que para lograr su propio beneficio (y el del país), ha realizado ingentes inversiones, y el Gobierno (o el Estado conceptualmente hablando), que como regulador de las conductas de sus ciudadanos, dicta normas y establece disposiciones para finalmente imponer el orden. No obstante los claros límites de cada interés, la comunicación ha fallado: no hay un lenguaje común, no existe un diálogo comprensible y el Estado ha renunciado a su rol.

Volvamos a mi experiencia: si no acuerdo con quien está al costado de mi auto quién pasa primero la luz verde, o pierdo el espejo de mi puerta o el otro termina embestido por mí.

Por eso, si Las Bambas representa la incapacidad institucional del país, Fiori es el más claro ejemplo del achoramiento, de la viveza criolla, de la simple (y vergonzosa) desobediencia impune. Porque que una estación de buses clandestina, pues fue clausurada, siga funcionando a la vista y paciencia de todos, constituye una patente acreditación de la ausencia de autoridad o de la burla a quien la ejerce; escojan la que calza.

No tengo, como es obvio, ninguna solución. Ni al conflicto de Las Bambas, que no obstante la salida encontrada, seguirá latente; y mucho menos, al fenómeno de Fiori, que sintetiza el profundo desprecio por la ley y la necesidad de encararlo y resolverlo.

Finalizo recurriendo a mi ejemplo simple: cada vez que he conversado con mi vecino vehicular, o ha pasado él o he pasado yo, sin chocarnos, ni producirnos daño alguno, aligerando, además, el endemoniado tráfico que nosotros mismos propiciamos. 

*Abogado y fundador del Foro Demócratico