Edición 2584: Jueves, 4 de Abril de 2019

¿Elogiando a las Dictaduras?

Escribe: Fernando de la Flor Arbulú * |

El presidente del Parlamento Europeo, el italiano Antonio Tajano, reconoció algunas bondades del régimen de Benito Mussolini en Italia. Hizo cosas positivas, agregó.

De inmediato se produjeron reacciones cuestionando tan insólitas afirmaciones, y Tajano intentó paliar las consecuencias de su traidor inconsciente. Basta recurrir a la historia para concluir lo nefasto que fue Mussolini para Italia (y para el mundo).

Jair Bolsonaro, el presidente brasileño, acaba de afirmar algo semejante: que el dictador paraguayo, Alfredo Stroessner, fue positivo para su país. Si olvidáramos que Stroessner gobernó con mano de hierro durante treinta cinco año el Paraguay, algo (muy poco) se podría coincidir con tan díscola declaración.

El tema de las dictaduras plantea permanentemente un dilema acerca de si todo estuvo mal o no. Y, claro, invocando la pura simetría, se concluye con el fácil recurso de que no todo puede haberse hecho mal. El caso de Alberto Fujimori y el 5 de abril de 1992 (que se recuerda esto días), es típico en ese sentido.

Pareciera, entonces, que se ha perdido el pudor para separar claramente lo uno de lo otro, en el balance que debe hacerse fruto de la historia.

Es verdad que no todo es bueno o malo (para referirnos a categorías morales, no obstante que estamos hablando de política); que siempre hay matices, pero cuando aludimos a dictadura, el deslinde debe ser categórico: no hay, no ha habido, no habrá, dictadura buena.

Mussolini en la Italia de su tiempo, y Stroessner en el Paraguay del suyo, fueron dictadores que, invocando su calidad de seres predestinados por la providencia para gobernar a sus pueblos, antes que cosas positivas, políticas destacables, decisiones convenientes, sacrificaron  libertades, eliminaron garantías, y concentraron el poder con todo lo que eso conlleva. ¿Eso significa que acaso no hicieron algo positivo? No; significa simple y llanamente que no hay que recordarlos por eso, ni por lo otro (lo malo), que finalmente pesa más.

Algo semejante debe decirse de las feroces dictaduras militares que se instauraron en la Argentina de Videla y el Chile de Pinochet. En ambos casos, las políticas de exterminio de sus adversarios políticos, por el solo hecho de serlos, ejecutadas oficialmente desde el propio Estado, fueron de tal magnitud e involucraron a tanta gente, que dicha época en Sudamérica será recordada como la de la insana crueldad.

En estos tiempos de renacimiento populista y empoderamiento de las derechas xenófobas y supremacistas, conviene recordar la invocación de la Primera Ministra de Nueva Zelanda, Jacinda Ardern, quien con ocasión del atentado terrorista perpetrado hace poco contra dos mezquitas musulmanas, pidió no repetir jamás el nombre del autor de dicho execrable crimen.
De eso se trata.

*Abogado y fundador del Foro Demócratico