Edición 2583: Miércoles, 27 de Marzo de 2019

Aludiendo a la Elusión

Escribe: Fernando de la Flor Arbulú * |

Los impuestos son el sueldo de un país. Tales ingresos son los que permiten financiar las funciones básicas a las que está obligado ante su población: brindar seguridad, administrar justicia, proveer servicios de calidad.

A diferencia de los países desarrollados, el Perú está muy lejos de darles a sus ciudadanos servicios mínimamente aceptables. Todos lo constatamos permanentemente: preocupante y acelerada inseguridad, ínfima competencia en salud y educación para no hablar de la precaria, cuando no vergonzante, situación del sistema de justicia.

Ahora bien, tales carencias se deben a dos fenómenos, claramente identificados: la reducida recaudación tributaria y la corrupción en el manejo de los recursos públicos. El sueldo del país no alcanza porque no se cobra lo suficiente y, por añadidura, porque lo poco que se recibe simplemente se roba. La explosiva combinación de lo uno y lo otro, genera el paupérrimo resultado en los servicios que el Estado debiera procurarnos.  

En el ámbito de la recaudación fiscal, se está planteando nuevamente el tema de la elusión tributaria. Se trata de una figura técnica que, bien explicada, puede entenderse sin dificultad. Cualquiera que no pague sus impuestos se convierte en deudor, ya que ha incumplido la obligación prevista en la ley. La elusión es algo diferente: evito, deliberadamente, ingresar en el supuesto que la norma contempla para que se haga exigible el cobro del impuesto. Adviértase la sutileza: cuando eludo no incumplo el pago, lo evito. La elusión, entonces, se convierte en una herramienta sofisticada que, mediante argucias inteligentemente concebidas, evita que quien la utiliza se convierta en deudor tributario. El resultado final es recaudar menos impuestos. Lo que se busca es que la elusión no sirva, precisamente, para burlar al fisco.

La elusión fiscal ha estado regulada en la ley, con precisión, desde el año 2012. Sin embargo, desde el 2014 –se están cumpliendo cinco años- otra ley suspendió su aplicación. Dicho en síntesis, no se ha podido, legalmente, exigir el cobro de impuestos por haberse utilizado la figura de la elusión tributaria; y el Estado ha dejado de recibir más recursos, necesarios para cubrir sus necesidades presupuestales. Para que se produjera esa anormal situación legislativa (hay una ley vigente pero en suspenso), se invocaron variados argumentos. Pareciera que ha llegado el momento de terminar con ese limbo.

El Presidente del Consejo de Ministros, Salvador del Solar, ha anunciado que la figura de la elusión tributaria se aplicará de todas maneras. Ha sido enfático. Todo indica que será parte de su plan de gobierno.

Aplicar una norma antielusiva, respetando el principio de legalidad, resulta necesaria y, además, concordante con los tiempos.  

*Abogado y fundador del Foro Demócratico