Edición 2581: Jueves, 14 de Marzo de 2019

Maldades

Escribe: Fernando de la Flor Arbulú * | “El caso de la pederastia en la Iglesia tiene un componente particularmente tenebroso”.

La maldad está definida como la capacidad de perjudicar o dañar a otro. Es un concepto tan antiguo como la propia humanidad.

En la maldad se me ocurrió pensar cuando Igor Braga Vasconcelos Cruz, como responsable del área de ingeniería de la empresa Odebrecht, declaró en Brasil recientemente acerca de cómo se concibió y ejecutó la obra de la Costa Verde en la zona del Callao. Dijo que Félix Moreno, el entonces gobernador y ahora prófugo de la justicia, organizó todo para recibir una coima de más de 4 millones de dólares, sin aceptar que se adecúe la obra a mínimos requisitos técnicos para que sea útil. El ingeniero brasileño repitió que le había anticipado a Félix Moreno la necesidad de construir una defensa ribereña para evitar el deterioro de la pista que se ejecutaría al costado del mar. Y Moreno se resistió, invocando como fundamento que eso aumentaría el monto del presupuesto, exigiría un mayor control administrativo, pues debería elevarse el expediente al Ministerio de Economía y Finanzas, originándose por ello la segura desaprobación de la obra. La razón aducida configura la maldad deliberada, esa perversión típica de los seres humanos desalmados: no importa si la obra será o no útil, lo que importa es hacerla a como dé lugar y cobrar la coima. Se trata, entonces, de un acto corrupto, pero con apellido: maldad.

Ahora bien, como quiera que la declaración del ingeniero de Odebrecht se produjo coincidentemente con la reunión convocada por el papa Francisco a todos los presidentes de las Comisiones Episcopales del mundo, para tratar el tema de los abusos sexuales del clero a los menores de edad y la política de la Iglesia católica de encubrir y negar todo, me vino a la mente, otra vez, el concepto de maldad.

Porque no de otra manera puede calificarse esa execrable conducta de los sacerdotes que abusan sexualmente, con premeditación y ventaja, de menores a su cuidado.

El mundo está asistiendo, anonadado, al descubrimiento de este fenómeno que viene desde antiguo y que no hace más que acreditar que la maldad también existe entre quienes  –como las autoridades–  tienen la responsabilidad de servir y procurar el bienestar de la gente.

Pero el caso de la pederastia en la Iglesia católica tiene un componente adicional, particularmente tenebroso: en plena reunión con el Papa y los obispos, el cardenal alemán, Reinhard Marx (¡¡ vaya ironía ¡¡), declaró que los archivos en los que se encontraban identificados los curas abusadores de menores habían sido destruidos, o, simplemente, jamás fueron creados.

Es probable que haya maldades más crueles. Dudo, sin embargo, que las haya con el grado de cinismo de las que se han reseñado.

*Abogado y fundador del Foro Demócratico