Edición 2578: Jueves, 21 de Febrero de 2019

La Verdad Entre Malhechores

Escribe: Fernando de la Flor Arbulú * |

Está difundiéndose un cuento, inventado y divertido, que roza el escándalo Odebrecht. Un consumado ladrón, empleado de un banco al que venía robándole buen tiempo, negocia con el fiscal que acepte su colaboración eficaz, dándole los nombres de más comprometidos en el delito, a cambio de liberarlo de la cárcel.

La historia enfrenta dos valores: la verdad y la justicia. En efecto, ¿cómo es posible que un delincuente confeso quede libre de sanción porque proporciona información?

La respuesta a dicha pregunta constituye el debate que el caso Odebrecht le ha planteado al sistema judicial peruano. Como lo ha hecho en Brasil y otras partes del mundo.

Ante la disyuntiva que plantea la realidad, hay que optar por preferir el mayor valor. Pregunta: ¿es conveniente buscar la verdad, toda la verdad, o sancionar al infractor, sin conocerlo todo? La respuesta puede traducirse en que Jorge Barata vaya a la cárcel y la empresa Odebrecht pague todos los daños infringidos al país. Es una opción. Pero la otra es conocer todo lo que sucedió, cómo ocurrió, quiénes estuvieron involucrados, de qué manera, cuántos han sido los montos entregados, las figuras delictivas utilizadas, en fin, saber toda la verdad en su verdadera magnitud. Esta es la otra alternativa.

Brasil, el país más afectado por este escándalo de corrupción, ha resuelto el dilema: decidió saber toda la verdad a cambio de conceder algunos beneficios a los corruptores. Pero conoció todo, especialmente a quienes utilizando su condición de funcionarios públicos, desde el príncipe hasta el paje, aceptaron sobornos, comisiones ilegales,  arreglaron contratos, adulteraron precios y valores, cobraron en demasía, todo para su propio beneficio y en perjuicio del país. Y, por cierto, los sancionó.
En el Perú, como se sabe, Odebrecht ha tenido una frenética actividad empresarial con el Estado.  El Ministerio Público ha optado por el mismo camino que Brasil. De hecho, se están empezando a realizar las primeras declaraciones de los altos funcionarios de la empresa brasileña, comprometidos en los casos de corrupción de las obras públicas más importantes de los últimos años; todas teñidas de dinero mal habido, en el marco de un convenio de colaboración eficaz. Y ha empezado una campaña destinada a cuestionar dicho proceso, invocando los intereses nacionales, el respeto a la moral pública y el debido resarcimiento al Estado. Se reclama justicia; no necesariamente toda la verdad.

Menoscabar el acuerdo para que los representantes de Odebrecht declaren todo lo ocurrido y, a partir de allí, cuestionar las manifestaciones que se recaben, constituye la estrategia de quienes quieren seguir manteniéndose en el anonimato; es decir, para evitar que se conozca la verdad.
Y es que, claro, la verdad entre malhechores no busca la justicia.