Edición 2573: Jueves, 17 de Enero de 2019

‘Roma’

Escribe: Fernando de la Flor Arbulú * | “Lo que vemos no es un barrio de ciudad de México, sino uno cualquiera de Lima”.

Un retrato de Latinoamérica, de nuestras ciudades, aún más, de nuestras sociedades, eso es, en síntesis, Roma, la película escrita y dirigida por el mexicano Alfonso Cuarón, y que está dando que hablar desde que empezó a exhibirse en la plataforma de Netflix, no solo en cines, y los premios que, como el reciente Globo de Oro, anticipo del Oscar, ha empezado a cosechar.

Leer: Crítica del film 

En Roma aparece de todo: el contorno de nuestras ciudades plagadas de informalidad, ruidos, colorido y velocidad inusitada. Gentes de todo tipo deambulando en medio de gritos, reclamos, ventas ambulantes, en ambientes desaseados pero, al mismo tiempo, llenos de desordenada vitalidad. Hay sudor, mucha transpiración. Y las particularidades de nuestro idioma.

Filmada en blanco y negro, como las vidas en nuestras exuberantes ciudades, Roma tiene una narrativa propia, basada en los recuerdos de su realizador Alfonso Cuarón: una familia de clase media asentada en el barrio que le da nombre a la película, ubicado en ciudad de México, que atraviesa una crisis entre los esposos, con varios hijos juguetones, entre adolescentes y niños, que dan vigor y sorpresas a la historia. Y en el centro de este drama escondido, el personaje central, la empleada doméstica –Cleo– quien entre sus quehaceres diarios, limpiar, trapear, cocinar, coser, servir, y sus reiteradas frustraciones (el hombre machista que la embaraza y luego la abandona a su suerte, y el hijo que nace muerto), convoca la ternura que se expresa en el cariño a los hijos y en el aprecio que se dispensan la patrona y ella.

Hay un par de escenas memorables, que visten de cuerpo entero la película: el salvataje a los niños por parte de Cleo, quien sin saber nadar se arriesga a zambullirse en el mar bravo para rescatarlos, es una. La otra es el abrazo fraterno de la misma Cleo con la señora, la esposa abandonada, después de reconocer que su marido se había ido de la casa familiar. En ambas, sin palabras, se transmite mucho amor.

Si la literatura como expresión artística tiene en el ritmo, en el oído y su musicalidad, el acompañamiento para su disfrute, la vista, la contemplación, la mirada son las que concitan la atención de quienes nos deleitamos con una película.

Roma es un caleidoscopio antropológico de las ciudades latinoamericanas. Lo que vemos no es un barrio de ciudad de México, sino uno cualquiera de Lima.

Tengo que decir que Roma concitó mi interés, que me permite el presente comentario, porque durante sus más de dos horas de duración (que parecen el tiempo de una vida), no hay ningún momento de paz, de tranquilidad, de sosiego. Como en nuestras ciudades.

*Abogado y fundador del Foro Demócratico