Edición 2567: Jueves, 29 de Noviembre de 2018

Asilo: el “dotito” Hinostroza y Alan García

Escribe: Fernando de la Flor Arbulú * | “Con el pedido de asilo Alan García ha enterrado con mucha sorpresa y poco valor al Apra”.

Catafalco es un sepulcro solemne para unas exequias. Se utiliza para un entierro en forma. Eso es lo que ha hecho Alan García con el Apra por el pedido de asilo formulado ante el Uruguay: enterrar, con mucha sorpresa y poco valor, al partido, y lo que es más vergonzoso, manchar la trayectoria histórica –discutible, es cierto, pero trayectoria al fin y al cabo– de Víctor Raúl Haya de la Torre.

A Alan García, a diferencia de todos quienes están detenidos por los escándalos de corrupción que se vienen revelando, y que él invoca en su carta dirigida al presidente del Uruguay como ejemplos de la osadía judicial con la que se está procediendo, no se le había formulado ningún pedido de prisión preventiva. Solo se le solicitó impedimento de salida del país, como a Pedro Pablo Kuczynski, exactamente al día siguiente de haber renunciado a la presidencia de la República y de habérsele allanado su casa, con el beneplácito de la bancada aprofujimorista que controla el Congreso y que propició su salida.

Es más: el propio Alan García convino con el pedido de impedimento de salir del Perú, porque –como declaró alguna vez–  “quien no la debe, no la teme”, para inmediatamente después de unas horas de dictada la medida refugiarse en la Embajada de Uruguay, argumentando que es un perseguido político.
Porque valgan verdades, qué persecución política puede existir ahí donde hay –como el mismo García lo ha dicho en sus cuarenta y ocho comparecencias a declarar– plenas garantías para ejercer su derecho de defensa. No es comparable ni lejanamente lo que le sucedió el año 1992, cuando Alberto Fujimori instauró el 5 de abril de aquel año una dictadura que cercenó las libertades ciudadanas, y Alan García tuvo que salir del país asilado hacia Colombia.

Cuando Alan García ha recurrido ahora a la figura del asilo, me ha venido a la memoria el tristemente célebre “dotito” César Hinostroza, el exjuez de la Corte Suprema, quien inmediatamente después de fugar del país y aterrizar en España, antes de ser detenido, se acercó a las autoridades a solicitar, también, asilo político, invocando que la justicia en el Perú buscaba hacerle daño sin razón, que no habían garantías para su defensa, que era un perseguido político, en fin, algo semejante a lo que el propio García ha utilizado como sustento de su pedido.

Estamos asistiendo, con catafalcos figurados y sin ceremonias, al entierro de una clase política en el Perú.

*Abogado y fundador del Foro Demócratico

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