Edición 2564: Jueves, 8 de Noviembre de 2018

Deskalabro Fujimorista

Escribe: Fernando de la Flor Arbulú * | “La misma entraña autoritaria y la misma vocación de concentrar el poder sin respetar las maneras democráticas”.

Un viejo proverbio popular, esa filosofía de la gente común, dice que lo que empieza mal, termina mal. Eso es lo que está ocurriendo con el fujimorismo.

Hagamos memoria. En 1990, bajo el improvisado slogan de "honradez, tecnología y trabajo", Alberto Fujimori, contra todo pronóstico, fue elegido presidente de la República. Se ha escrito mucho, y se ha comentado aún más, acerca de las razones que explicarían dicho sorprendente fenómeno.

Ahora bien, con la perspectiva del tiempo, cabe anotar que el gobierno de Alberto Fujimori poco o nada hubiese hecho sin el concurso siniestro de Vladimiro Montesinos. Se instauró un régimen autoritario destinado a perpetuarse en el poder bajo una apariencia de legalidad. Había un Congreso que dictaba leyes, un Poder Judicial que resolvía controversias, aparentando un regular funcionamiento, pero todo funcionaba sujeto a los designios de quienes detentaban el poder. El sistema duró una década e implosionó, o sea, se derrumbó desde dentro carcomido por la corrupción. Algo parecido a lo que viene sucediendo hoy en día.

Keiko Fujimori buscó convertirse en una alternativa diferente. Basada en su juventud y utilizando, sin decirlo, los recuerdos de su padre en el gobierno que el tiempo se encargó de rescatar, Keiko buscó desmarcarse del fujimorismo tradicional.

Y no lo logró. Ahí están los resultados: la misma entraña autoritaria y la misma vocación de concentrar el poder sin respetar las maneras democráticas. Los mensajes del chat La Botica no pueden ser más elocuentes. Igualmente, el mismo apetito  de copar todo lo que se pueda del Estado, aún sin ser gobierno, y de utilizar métodos corruptos para obtener sus fines. El actual proceso penal en curso contra la cúpula dirigente del fujimorismo es el mejor ejemplo.

El inocuo mensaje del fujimorismo inicial de honradez, tecnología y trabajo, al cabo del tiempo, se ha convertido en la diabólica trilogía de dinero mal habido, delito y cárcel.

Descalabrándose, como creo que lo está el fujimorismo, cabe augurar una reacción razonable de la ciudadanía en el ámbito político. No hay ninguna razón para alimentar la creencia de un salto al vacío, encarnada en un populista improvisado, de derecha o de izquierda, como se anda especulando. Los resultados de las recientes elecciones municipales, principalmente en Lima, son un claro desmentido a dicha previsión. La gente está desencantada de su clase dirigente, sí, pero no lo está del país y de lo que cada quien ha logrado.

La conjugación es esperanza y liderazgo.    

Se me ocurre pensar en el Haya de la Torre de 1931 o en el Fernando Belaúnde de 1963.

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