Edición 2559: Jueves, 4 de Octubre de 2018

Celebración Constitucional

Escribe: Fernando de la Flor Arbulú * |

Hace cuarenta años, en 1978, el Perú y España iniciaron, en simultáneo, su proceso de transición a la democracia. España salía de la longeva y férrea dictadura de Franco, quien se perpetuó en el poder hasta su fallecimiento, luego de su triunfo en la guerra civil. El Perú salía del régimen militar que inició el general Velasco.  

La Asamblea Constituyente en el Perú aprobó la Constitución que el recientemente electo presidente Fernando Belaúnde pondría en vigencia, al iniciar su segundo mandato, en 1980. En ese acto estuvo presente el entonces presidente del gobierno español, Adolfo Suárez, quien en su país dirigió el proceso para aprobar la nueva Constitución.

Nuestra Constitución de 1979 regiría apenas catorce años. Alberto Fujimori, con el autogolpe de Estado del 5 de abril de 1992, se encargaría de ponerle término, al aprobarse durante su gobierno la actual Constitución, que aún nos rige, el año 1993.

España está, hoy en día, celebrando los cuarenta años de su Constitución. Con sus zozobras, los españoles, sin embargo, coinciden en señalar que ese período ha sido el de su mayor desarrollo y prosperidad: se insertaron dentro de la Unión Europea, abrieron su economía al mundo, pusieron en vigencia todas las libertades ciudadanas, y se modernizaron. Es verdad, también, que tuvieron severas crisis, principalmente en el ámbito económico financiero, que todavía no logran resolver. Pero, además –y esto es lo más grave– enfrentan  el desafío independentista de Cataluña, fractura que todo hace suponer que no cerrarán en plazo inmediato. La situación española, entonces, tiene ese lastre trascendental que compromete su unidad nacional. Pero ello no obstante está celebrando las cuatro décadas de su Carta Fundamental, expresión de su ejemplar proceso de transición democrática. La participación conjunta de Felipe González y José María Aznar, representantes de los sectores políticos tradicionalmente antagónicos, quienes gobernaron España durante el mayor tiempo luego de recuperada la democracia, en la celebración constitucional, es el mejor ejemplo de lo bien que se hicieron las cosas para consolidar la institucionalidad española.

El Perú no tiene un motivo de celebración constitucional. Lo tendría si hubiera seguido el camino español. Lo que tiene ahora es preocupación constitucional. Los sucesos ocurridos desde la mitad del siglo pasado hasta este momento, así lo acreditan. Las iniciativas de reforma presentadas por el presidente Vizcarra para empezar el proceso de recomposición de nuestro sistema de justicia y reordenamiento de nuestro régimen político, serían los cambios más importantes de nuestra actual Constitución. Incorporarlos, con el pronunciamiento favorable del pueblo expresado mediante referéndum, sí sería motivo de celebración.

*Abogado y fundador del Foro Demócratico

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