Edición 2556: Jueves, 13 de Septiembre de 2018

Xenofobia = Miedo

Escribe: Fernando de la Flor Arbulú * |

Ángela Merkel, la más importante lideresa política del mundo actualmente, debe estar perpleja, no debe salir de su asombro. Resulta que hace algunos días, en una ciudad de Alemania (Chemnitz se llama), un grupo de declarados neonazis organizó una revuelta destinada a eliminar (léase matar) inmigrantes. Así de simple y tenebroso: exterminar seres humanos por el hecho de ser extranjeros.

Solo han pasado algunos años en términos históricos (aproximadamente setenta), desde que terminó la Segunda Guerra Mundial,  luego conocer el horror de lo que significó para la humanidad, para que a estas alturas estemos presenciando un fenómeno similar al que precisamente la desencadenó: el odio racial.

No obstante que en Alemania están prohibidos los símbolos nazis (la esvástica y el saludo al Fürher), estos grupos ultranacionalistas, desafiando al sistema los están volviendo en una práctica usual. Pero no solo en Alemania sino en otros lugares de Europa, está instalándose, nuevamente, el rechazo al extranjero, al inmigrante, a aquel que no es nacional. Italia y su nuevo gobierno son una clara demostración.

Quizás fue Donald Trump, con su sorpresivo triunfo y su discurso inequívocamente xenofóbico y discriminador, quien puso el tema en la agenda mundial. Su desprecio reiteradamente manifestado contra todos los migrantes no ha variado un ápice. Por ignorancia o cálculo político     -¿quién sabrá?- lo cierto es que Trump  ha encendido la pradera. Y así como cuando empieza un incendio forestal, los bosques siguen consumiéndose a pesar de los esfuerzos por combatir el fuego, el discurso xenofóbico está incrementándose en el mundo a niveles preocupantes.

Y sin ir muy lejos, aquí en el Perú, a propósito de la lamentable situación de Venezuela, en la que el pueblo literalmente está muriéndose de hambre, se vienen alzando voces contra la inmigración de nuestros hermanos venezolanos.

Surge entonces la interrogante: ¿qué explica que países de alto grado de desarrollo, como Estados Unidos, Alemania e Italia, junto a otros –como el nuestro– menos desarrollados, empiecen este preocupante ascenso de actitudes xenofóbicas, de rechazo étnico y censura a los extranjeros?
Una posible respuesta, digna de estudiarse detenidamente en toda su complejidad, es el miedo, el susto al forastero por desconocido. Pero es, también, el temor de ejercer la libertad, a que cada uno asuma su responsabilidad, renunciando a ese instinto de volver a la tribu, encerrándonos en sociedades inmóviles e irracionales, que fue lo que hicieron nuestros ancestros hasta que se instauró la civilización. 

*Abogado y fundador del Foro Demócratico

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