Edición 2553: Viernes, 24 de Agosto de 2018

Consultando al Soberano

Escribe: Fernando de la Flor Arbulú * | “No se trata de una medida populista, como andan diciendo. Será popular pero no populista”.

Hay dos conceptos que voy a utilizar como una especie de sombrilla en este artículo. Pueden sonar rimbombantes, pero no lo son: legalidad y legitimidad. La legalidad es el ordenamiento que disponen las leyes. La legitimidad es algo más que las normas: conlleva un concepto moral, ético, de corrección y reconocimiento social.

El actual Congreso tiene legalidad, pero carece de legitimidad. Alrededor del 90% de la ciudadanía, según las últimas encuestas, lo desaprueba. Esto quiere decir que nueve de cada diez peruanos están en desacuerdo con su desempeño. Ahora no interesan las razones para tan mayúsculo desprecio (todos las conocemos), pero el hecho de la realidad es así de macizo.

Si hay algo de lo que este país carece es de institucionalidad, o sea, de organismos fundamentales del Estado que funcionen apropiadamente, cumpliendo los fines para los que se crearon. A nuestra mejoría económica, reavivada recientemente (se espera un crecimiento de algo más de 4% este año), es indispensable acompañarla de una reconstrucción institucional.

Existe un sistema de justicia (policías, jueces y fiscales) carcomido por la corrupción. El caso Lava Juez me hace ahorrar palabras; es más que elocuente. Nuevamente: legalidad sin ninguna legitimidad.
Pregunta: ¿podría alguien aceptar que el actual Congreso, por ejemplo, juntando sus mayorías, acuerde modificar la Constitución y eliminar la segunda vuelta electoral? No habría ningún impedimento legal (de hecho, en algún momento empezó a circular esa versión), pero carecería de absoluta legitimidad.

Otra pregunta: ¿sería aceptable que el sistema de justicia, la Corte Suprema y la Fiscalía de la Nación, ambas tan severamente cuestionadas, acordasen, por sí y ante sí, su propia autorreforma?  Otra vez, sería legal pero totalmente deslegitimizada.

Entonces, el Gobierno, sintonizando con el clamor nacional, ha adoptado una decisión, legal y al mismo tiempo legitima: consultarle al pueblo directamente, mediante referéndum, algunos cambios institucionales impostergables.

No se trata, entonces, de una medida populista, como algunos andan diciendo. Será popular pero no populista.

Y es que claro, si el Congreso carece de legitimidad para emprender, por iniciativa propia, alguna modificación sustantiva para reencauzar la institucionalidad tan deteriorada del país, así como el sistema de justicia para ejercer las funciones que le corresponden, el régimen democrático, tan sabio él, tiene su propio mecanismo: el referéndum.

Para empezar (ojo: empezar) a resolver la crisis de credibilidad en sus instituciones que tiene el Perú en las actuales circunstancias, ha llegado el momento de hacer realidad el antiguo proverbio: consultarle al soberano.

*Abogado y fundador del Foro Demócratico

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