Edición 2537: Jueves, 3 de Mayo de 2018

De Mayo del 68 en París a Cuba

Escribe: Fernando de la Flor Arbulú * | La famosa frase que acompañó al proceso, lo dice todo: “la libertad empieza por una prohibición: prohibido prohibir”.

Se están cumpliendo varias décadas de dos acontecimientos históricos, que tienen significados distintos. Conviene recordarlos.

En mayo de 1968, hace exactamente cincuenta años, ardió París. La célebre revuelta estudiantil, que recibió la creciente adhesión de la mayoría ciudadana y concitó la atención del mundo, puso en jaque al férreo gobierno francés del histórico general Charles de Gaulle y le dio partida de nacimiento al movimiento juvenil como actor en la vida política.

Si bien es verdad el movimiento de los jóvenes de mayo del 68 en París, no tuvo más pretensión que hacerse escuchar, no deja de ser cierto, también, que su implicancia tuvo relevancia en todos los niveles: cultural, social, generacional. Una mezcla de búsqueda de paz y libertad sexual, aunada a un canto de amor (y no de guerra) para la humanidad, pudiera ser una buena síntesis de sus exigencias y logros. La famosa frase que acompañó al proceso, de espontánea creatividad y profunda hermosura, lo dice todo: “la libertad empieza por una prohibición: prohibido prohibir”.

Tiempo antes a dicho suceso, en el año nuevo de 1959, ocurrió otro acontecimiento aún más trascendental, que tuvo a los jóvenes como sus principales actores, y al pueblo que los acompañó, como todos los sucesos que hacen la historia: se produjo el triunfo de la revolución cubana contra la tiranía corrupta y grotesca de Batista.  El desarrollo del proceso, sin embargo, contrariamente a las ilusiones inicialmente convocadas en todos los ámbitos, terminó por frustrar las expectativas de justicia y libertad que se pretendieron instaurar.

La revolución cubana, esa longeva y despreciable dictadura, no llamaría la atención si es que no se tuviese en cuenta que en estos días precisamente se ha producido el relevo de su presidente: muerto Fidel Castro, lo sucedió su hermano Raúl, quien acaba de transmitirle el mando de la isla a un contemporáneo de la revolución, Miguel Díaz-Canel, un hombre de 58 años, que no peleó en Sierra Maestra ni se apellida Castro, para encargarse de seguir con “el proceso revolucionario”.

El recuerdo de mayo del 68 en París, que decreta “el estado de felicidad permanente”, solo tiene el propósito de convocar a la memoria y a una sonrisa satisfactoria.

La referencia a Cuba tiene otra connotación: Miguel Díaz-Canel, el nuevo presidente, no obstante sus primeras y obsecuentes declaraciones,  reivindicando la filosofía que acompañó a la revuelta juvenil de París en mayo del 68, puede hacer realidad la arenga de “la imaginación al poder”, y cambiar el sentido de la historia.

* Abogado y fundador del Foro Demócratico.

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