Edición 2536: Jueves, 26 de Abril de 2018

Cumbre Hipócrita

Escribe: Fernando de la Flor Arbulú* | “Para que se descubriera Lava Jato no fue necesaria ninguna rimbombante cumbre”.

La reciente cumbre presidencial llevada a cabo en el país hace algunos días, tuvo dos ausencias: una que se hizo notar, la de Donald Trump, quien permaneció en Washington ordenando que se dispararan misiles buscando, en su particular visión de las cosas, “la paz en el mundo” y, otra, que ha pasado desapercibida pero que resulta elocuente: la del presidente de Brasil, Michel Temer, cuna del escándalo de corrupción más significativo de los tiempos modernos, como el caso Lava Jato.

Y es que claro, si uno revisa los cincuenta y ocho compromisos asumidos por todos los países de nuestro hemisferio para “asegurar la gobernabilidad democrática en su lucha frente a la corrupción” –que fue el tema del encuentro– la firma del presidente brasileño Michel Temer pudiese haber dado lugar, con sobrado fundamento, a interpretar la declaración como el del guion de una ópera bufa; una especie de relato cómico o elegante hipocresía.

Si uno lee la mayoría de las recomendaciones que, ahora sí, los presidentes de nuestra región se comprometen a ejecutar, tales como fortalecer las instituciones para prevenir y combatir la corrupción, desarrollar una cultura de transparencia, y promover códigos de conducta para que los servidores públicos tengan altos estándares de ética;  lo que puede comprobar es que se trata exactamente de todo aquello que Brasil no hizo o no hizo apropiadamente, contagiando a los demás países que –como el Perú- han dado forma y alcance mundial al ya tristemente célebre caso Lava Jato. 

Porque –valgan verdades– dicho mayúsculo escándalo de corrupción no hubiera sido posible ejecutarse si no hubiesen existido autoridades oficiales venales, presupuestos estatales preparados deliberadamente para repartírselos ilegalmente, obras públicas innecesarias, adendas injustificadas, empresas públicas y privadas coludidas, es decir, un sistema organizado para que funcione como un mecanismo sincronizado.

Que recién ahora los gobernantes de nuestro hemisferio se comprometan a lo intrínseco a su función, a su principal responsabilidad, o sea, a evitar que haya corrupción organizada desde el Estado, la verdad, a estas alturas de nuestra historia, no sé si merece aplauso o compasión.

Dicho de otra manera, para que se descubriera el escándalo Lava Jato en el Brasil, no fue necesaria ninguna rimbombante cumbre presidencial sino, simplemente, que el sistema de justicia funcionase (y se le dejase funcionar),  con arreglo a la ley y respetándose el debido proceso. 

Pensándolo bien, creo que hubiese sido más conveniente que el presidente Michel Temer firmase la declaración de la cumbre de Lima: demostraría la banalidad de sus alcances, o sea, presentar como novedoso lo obvio.              

*Abogado y fundador del Foro Demócratico

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