Edición 2531: Miércoles, 21 de Marzo de 2018

Democracia de Papel

Escribe: Fernando de la Flor Arbulú * | “El Congreso ha pretendido convertirse en procurador, fiscal y juez al mismo tiempo”.

Borges dijo que: “… la democracia es un error de estadística…” Claro, se trata de una afirmación cargada de humor ácido. En el Perú, sin embargo, estamos empezando a hacer realidad la broma borgiana.

Veamos. El Congreso, cuya principal función debiera ser dictar leyes apropiadas, se ha dedicado a realizar control político y a fiscalizar. Cuando hablamos de lo primero, nos referimos a la interpelación o censura de ministros y al otorgamiento, o no, de confianza al Gabinete. Es bastante conocida la actitud que se ha tenido en estos casi dos años del actual  gobierno: constantes interpelaciones, algunas censuras, otras renuncias inducidas, una negación de confianza a todo un Consejo de Ministros y dos pedidos de vacancia presidencial.

Cuando se trata de fiscalización, el asunto asume niveles incomprensibles. El Congreso ha pretendido convertirse en procurador, fiscal y juez, todo al mismo tiempo. Dicho de otra manera, se ha sustituido en el defensor de los intereses del sector público, en el titular de la acción penal para acusar y en el representante del pueblo para sancionar, sin cuidarse, por cierto, de guardar una mínima imparcialidad.

La comisión investigadora del caso Lava Jato, que involucra a la mayoría de los movimientos políticos representados en el Legislativo y a sus principales líderes, es el mejor ejemplo.

Si el Congreso considera que con dichas actitudes está ejerciendo la representación de las inquietudes ciudadanas, pues ahí está el 14% de aprobación de los recientes sondeos de opinión: solo catorce de cada cien peruanos aprueban su desempeño. Dicho mejor: el 86% lo repudia.

Y como quiera que los congresistas no se vacan entre sí, su cargo es irrenunciable y no están sujetos a mandato imperativo, carece de sentido institucional exigir su relevo.  

Pues bien, la única posibilidad que existía para contrapesar el ejercicio abusivo de tales poderes, era que el Ejecutivo disolviese el Congreso si es que este negaba confianza a dos Gabinetes ministeriales. Tal alternativa acaba de ser severamente restringida.

En efecto, por la vía de cambiar su propio reglamento, que no puede ser observado por el Ejecutivo, el Congreso ha modificado lo que establecía la Constitución: a diferencia de antes, ahora, el Gobierno no puede hacer cuestión de confianza cuando se ejerce control político, y todos los ministros deben renunciar sin posibilidad de volver a asumir su cargo, cuando se produzca la denominada crisis total del Gabinete.

En síntesis, se ha quebrado el equilibrio de poderes, de pesos y contrapesos, que caracteriza el sistema democrático.

Borges, si viviera, sonreiría porque en el Perú se está haciendo realidad su divertida frase.

* Abogado y fundador del Foro Demócratico.

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