Edición 2526: Jueves, 15 de Febrero de 2018

Ficción Barata

Escribe: Fernando de la Flor Arbulú * | “La ley es igual para todos y nadie es culpable hasta que se pruebe su culpabilidad”.

Mi amigo Juan acaba de recibir una orden de prisión preventiva. Me asegura que no tiene nada que ver con el asunto en el que lo involucran. Lo mismo dicen todos  –le replico– desde el presidente de la República hasta el último implicado. Pero –me precisa– no soy constructor, no soy empresario, no he tenido ningún contrato ni he realizado negocio alguno con el Estado. Soy poeta –dice mi amigo Juan– coincidiendo con el oficio que siempre le conocí.

Sucede –continúa hablando- que tuve con el ahora tristemente célebre Jorge Barata, un lío de faldas. En una de las conocidas feijoadas que organiza periódicamente la Embajada de Brasil, a la que usualmente asisten todas las altas autoridades oficiales y los más representativos políticos y empresarios, tuve ocasión de conocer a una hermosa dama    –me cuenta Juan con cuidada discreción, usando un lenguaje apropiado a los tiempos. Era una mujer inteligente y atractiva, pero para mi desgracia  

–añade–  Barata coincidió con mi gusto. Lo cierto fue que nos retiramos juntos, ella y yo; Barata se quedó solo –concluye mi amigo.

Ahora me entero, años después del suceso que recuerdo como otro acontecimiento de mi humanidad –me sigue diciendo–  que Jorge Barata, el más penoso corruptor de la historia reciente del Perú, me ha implicado en un caso vinculado a la constructora Odebrecht y su caja 2, yo –agrega mi amigo, con rostro compungido y mirada perdida– un poeta, desligado de los pecados empresariales de cualquier tipo, estoy próximo a perder mi libertad.

Esta historia no es real. Es pura ficción. Solo he querido inventarla para destacar que el sistema de justicia debe ser especialmente escrupuloso con lo que declare, o lo que deje de decir, Jorge Barata. Se trata de un delincuente confeso cuyas afirmaciones deben ser contrastadas y confirmadas; y sus omisiones –esto es fundamental–

particularmente investigadas. La invocación de ecuanimidad debiera también alcanzar a los medios de comunicación, aunque debe aceptarse que la naturaleza de las funciones hace la diferencia.

Entiendo que este punto de vista, en las circunstancias que rodean al más escandaloso caso de corrupción reciente, puede generar discrepancias, y hasta suspicacias. Sucede, sin embargo, que soy un firme creyente en las garantías que la humanidad ha conquistado a lo largo de la historia: la ley es igual para todos, y nadie es culpable hasta que se pruebe su culpabilidad. En algunos casos, la ficción ayuda a entenderlas mejor.

* Abogado y fundador del Foro Demócratico.

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