Edición 2519: Miércoles, 20 de Diciembre de 2017

La Prisión del Espectáculo

Escribe: Fernando de la Flor Arbulú * | “Los jueces y fiscales no pueden prestarse a la civilización del espectáculo ni a la baja política”.

La prisión preventiva dictada contra Ollanta Humala, aún preso sin ninguna acusación, puso el tema sobre el tapete. La reciente orden de detención contra varios conocidos empresarios vinculados al tristemente célebre caso Lava Jato, ha vuelto a activarlo.

La justicia está representada universalmente como una dama con los ojos vendados (que representa que no importa de quién se trate), una balanza (que significa equilibrio en la decisión) y una espada (igual a la fuerza para cumplir lo ordenado). En la conjunción de estas tres representaciones está la esencia del derecho, que cobra vida con las leyes que lo conforman. Las autoridades de justicia, los jueces y fiscales,  deben, simbólicamente, tener los ojos vendados, una balanza y una espada.

Después de la vida, la libertad. Ese es el axioma del ser humano. Si al costado ponemos la presunción de que nadie es culpable hasta que no se pruebe lo contrario, el círculo se cierra.

En el caso que la justicia presuma que alguien ha cometido un delito, lo que  debe hacerse es acusar, probar y condenar. Sin embargo, cabe preguntarse si la persona involucrada va o no a someterse, pacíficamente, a su juzgamiento. La respuesta está en la ley, pero ella está inscrita en el derecho y envuelta por la justicia, bajo el principio de que, salvo excepciones, el enjuiciamiento debe seguirse en libertad. La cárcel corresponde al delito demostrado.

Si, como ocurrió con el presidente Humala y los empresarios involucrados en las corruptelas del caso Odebrecht, entregan al juez sus pasaportes y acreditan su arraigo personal y familiar en el país, por qué entonces se dicta la orden de prisión preventiva. Se ha dicho (en una audiencia judicial transmitida por TV en cadena nacional un largo fin de semana), que hay peligro de fuga, como un prejuicio teñido de discrecionalidad. No tengo más comentarios, salvo decir que viajar por el mundo sin pasaporte, más aún tratándose de quienes se trata, en las circunstancias actuales en las que se vive en tiempo real, no parece un raciocinio con venda ni balanza, aunque sí con espada.

La mayúscula corrupción que caracteriza el caso Lava Jato, es cierto, enciende pasiones y está bien que así sea.

Pero ello no obstante, los jueces y fiscales no pueden prestarse al festín de la civilización del espectáculo. Menos aún al juego de la política minúscula. Sus ojos deben estar vendados.   

* Abogado y fundador del Foro Demócratico 

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