Edición 2594: Jueves, 13 de Junio de 2019

Fuera de Lima

Escribe: Rafo León | “Para Portocarrero uno de los escasos temas que unía a todos los peruanos era el pasado Inca”.

Lima, 10 de junio de 2019

A ver Techito, si yo digo “Lima y el interior del país”, ¿estoy tácitamente afirmando que la capital es “el exterior del país”? Y si yo digo, “Lima y provincias”, ¿no estoy acaso dejando a la capital fuera de una definición política que la considera también como una provincia? Entonces, ¿cómo hay que separar a Lima de lo que no lo es, sin patinar como lo has hecho tú?

El novelista y dramaturgo Rafael Dumett (Lima, 1963) prefiere usar la fórmula “fuera de Lima” cuando hace referencia al ámbito en el cual viene difundiendo su novela, El espía del Inca. La obra, desde su aparición el 2018 (aunque se leía en versión virtual desde seis años atrás) no ha hecho sino levantar comentarios asombrados por la alta calidad de su narración y los novedosos puntos de vista que aporta contra las visiones estereotipadas sobre las relaciones entre los incas y los conquistadores. Se habla de una obra monumental y no ha faltado el crítico serio que la califique como la mejor novela peruana en lo que va del siglo.

Dumett trabajó más de diez años en el proyecto y luego inició el paseo por las editoriales más renombradas dentro del sistema limeño. En todas fue rechazado. La novela es demasiado extensa (el volumen tiene 717 páginas), hoy a nadie le interesa el tema de los incas. Hasta que el autor entró en contacto con Esteban Quiroz, la cabeza de Lluvia Editores, quien luego de devorar el enorme relato decidió que él iba con todo. Hoy la segunda edición promete volar tan rápido como la primera.

Quiroz es un hombre muy bien contactado con instituciones y personas “fuera de Lima”, y su sistema promocional se inicia cuando es convocado para que convenza al autor de viajar a distintas ciudades del país donde presentar su obra y sobre todo, dialogar con gente inmersa en la cultura y muy interesada en participar de lo que ocurre en el campo literario fuera de los límites de su zona.

Dice Dumett: “Yo no elegí esta forma de contacto, fueron los lectores. Quizá porque la historia que cuenta la novela los concierne, suscita en quienes la leen el deseo de tenerme con ellos, de tocarme, de abrazarme como a un pariente querido pero lejano que no conocían pero estaban esperando. “

Recibida la invitación parten entonces Dumett y Quiroz, se realiza la presentación, se da un extenso e interesante diálogo con los asistentes (que generalmente colman el recinto) y luego se ofrecen ejemplares que son vendidos con paciencia, treinta por acá, cincuenta por allá. De esta manera la novela se ha dado a conocer en Puno, Cusco, Arequipa, Huancayo, Huancavelica y Andahuaylas, y están en la lista Cajamarca y Ayacucho, por ahora.

¿Qué explica la convocatoria que suscita una novela tan voluminosa y que tiene un precio de tapa de ochenta soles, en circuitos que no son los recorridos por las editoriales pantorrilludas de nuestro medio? De un lado, el trabajo de hormiga de Esteban Quiroz, quien se planteó alguna vez lo que ningún otro editor: buscar contacto entre sus publicaciones y el “fuera de Lima”. Cuenta mucho el interés de Dumett por compartir la experiencia de su editor y aceptar con entusiasmo y gratitud cada una de las invitaciones. Y desde luego, el contenido de la obra. Me comentaba una amiga historiadora que Gonzalo Portocarrero había escrito que uno de los escasos temas que unía a todos los peruanos era el pasado Inca, no importa si idealizado o deformado, pero ahí está como el amalgama en un edificio levantado con ladrillos dispares.

¿Quiénes son los anfitriones? Mujeres y hombres que pertenecen a universidades, instituciones culturales, organizadores de ferias e, incluso, instancias del Estado. Dumett insiste: “Son siempre personas puntuales, decentes y eficientes, y muy interesadas en asuntos relacionados con la cultura... o no. A veces simplemente se trata de quienes cumplen en la práctica lo que debería hacer una institución cultural”.

Durante mis diecisiete años recorriendo el Perú con Tiempo de Viaje tuve la oportunidad de encontrar un sinnúmero de gentes que en sus localidades compartieron conmigo sus conocimientos sobre literatura, historia, medio ambiente, música, política, y que con gran generosidad me los ofrecían para que, por mi lado, yo intentara amplificarlos. Es quizás ese perfil el que inicia el contacto con Quiroz para generar un sistema nada usual en el espacio literario que surge en Lima. Al respecto acota Dumett: “Yo no comprendo a esos escritores a quienes les preguntan por cómo los interesados pueden acceder a sus libros y responden: Eso no es mi asunto”.

Asombra la novela, entusiasma el circuito promocional, el relato se sigue escribiendo.