Edición 2593: Jueves, 6 de Junio de 2019

Una Mafia Más, Qué Importa

Escribe: Rafo León | “Disparan y matan. Los he visto en sus pick up levantándose toneladas ilegales de aracanto”.

Lima, 2 de junio de 2019

La diversidad biológica de nuestro mar se ha reducido de manera alarmante en cantidad y calidad en las últimas décadas. Además del cambio climático, la causa principal de este fenómeno es humana (la anterior también, ojo Trump, ojo Roque). La sobrepesca industrial, el irrespeto a las “ventanas” que delimitan las áreas en las que se puede pescar en grande, prácticas artesanales como el chinchorro (arrastre) que no discriminan, según parámetros de conservación de la biomasa y hasta el uso de la dinamita, que aún se da.

Si hay menos pesca artesanal hay menos actividad pesquera y más pescadores sin trabajo. Los pescadores que siempre se han dedicado al mar, ahora encarrilan a sus hijos desde pequeños para que se dediquen a otra cosa, que vayan a la ciudad, ahí están las mototaxis, la venta ambulatoria, lo que sea.

La depredación es una de las causas que hace treinta años precipitó el boom de la extracción del alga aracanto o palo (Lessonia trabeculata), una especie frecuente sobre todo en las aguas frías desde Ica hasta Tacna pero que abunda mucho más en las costas de Arequipa por cuanto esta es la más extensa del Perú, con sus 528 kilómetros.

Si vamos por la Panamericana hacia el sur veremos que desde Nasca en adelante, enormes montañas de algas esperan sobre la arena para ser tendidas y puestas a secar al sol, antes de pasar a procesadoras locales hoy legales, o simplemente a ser exportadas así nomás. Ignoramos que esas tiras verdosas son indispensables para la sobrevivencia de infinidad de peces y mariscos, pues allí está el hábitat de estas, mientras que para otras especies, incluidos mamíferos marinos, es un alimento vital. En sencillo: si no hay aracanto no hay pesca ni marisqueo ni cebichito.

En Ica, Nasca y Marcona, pero sobre todo en Camaná, Quilca y en Ilo, pescadores sin pesca han derivado en extractores de aracanto, un recurso que hasta hace unos años se exportaba ilegalmente a Chile (donde se le depreda menos) pero que hoy, debido a su elevado precio y a leyes que fomentan el atentado, se va a Europa y a Oriente.  Es que se trata de un componente inapreciable para la cosmetología, la industria de la medicina y de envasado de alimentos; mientras que en China y Japón las algas son un bien preciado sobre la mesa.

Hasta 2008 no existía ninguna norma que regulara la extracción del aracanto. Pero luego se estableció una veda y a través de sucesivas resoluciones se ha llegado a la normativa vigente, que al menos en AQP liberaliza la actividad (N° 404-2016-PRODUCE, 2016). Antes se permitía solamente acarrear las algas varadas por el mar (lo que casi nunca se cumplía) pero actualmente mediante el sistema de cuotas es posible arrancar el alga, aunque el decreto establece parámetros para hacerlo sin demasiado impacto. Eufemismos, pues la ley es letra muerta y nadie vigila que se cumpla y luego, la regeneración del alga extraída dura demasiado tiempo como para que esa actividad sea definida como “manejo”.

Una práctica que consiste solo en arrancar y vender a quienes procesan y exportan es muy atractiva y ya no solo para pescadores artesanales desocupados. En varios puntos de la costa estos hombres de mar están organizados, cumplen con las normas y cuidan un recurso cuyos beneficios conocen.

Destaca el caso de Marcona, donde una larga tradición de organización se extiende hasta el presente a través de una ejemplar COPMAR. Pero con los años se han creado verdaderas mafias de extractores que no son pescadores; que no respetan nada, ni distancias entre algas, ni prohibición de uso de barretas, ni edad de la especie.  Gente mal encarada que ante cualquier intento de frenar su 'bisnes', disparan y matan. Los he visto en sus pick ups levantándose toneladas ilegales de aracanto, hombres que llevan armas sofisticadas que aluden a jefes tan llenos de plata como vacíos de escrúpulos.

Estamos ante un caso en el que ya resulta inútil preguntarse por dónde está la responsabilidad para que algo de tal gravedad ocurra, in crescendo. Produce, los gobiernos regionales, Imarpe, todos juntos, ya no importa. Una mafia por definición es una organización de poder paralela a la legal, o montada sobre esta mediante mecanismos de corrupción. En el Perú vivimos al día gracias a la informalidad, a un Estado tembleque y a una historia desestructurada que permite todo sin devolver mayores beneficios más que los inmediatos. Si alguien quiere comprobarlo lo invito a que se acerque a los acantilados de Camaná, pero que lo haga asolapado porque puede que esa noche no regrese a su casa.