Edición 2591: Jueves, 23 de Mayo de 2019

Una Burrada Más Qué Importa

Escribe: Rafo León | “Si se trata de colegiar opinólogos se debería retirar primero a Yeni Vilcatoma del canal”.

La francmasonería se origina en la idea de agremiación laboral de arquitectos y albañiles en el medioevo francés, con la finalidad de crear un espacio para el pensamiento libre y la reflexión filosófica, en un momento en el que el oscurantismo perseguía toda forma de elaboración intelectual que no fuese la religiosa. Los masones creaban sus propios códigos de comunicación y conducta para protegerse de la represión ejercida por la iglesia católica y de ahí la fama con que cargan hasta hoy, casi de brujos o de oficiantes de alguna forma de esoterismo.

Los colegios profesionales en el Perú surgen menos para fortalecer a sus afiliados o dotarlos de conocimiento que protegerlos de las leyes y presiones que mandan fuera de sus locales. No generalizo, pero muchas veces la actuación de estas instituciones va en contra de lo que se espera de ellas: filtrar a afiliados que se tuercen en su labor, que bajan la calidad de la profesión o que directamente actúan en contra de la ley. Un ejemplo fresco se dio con Pedro Chávarry, entornillado en la Fiscalía de la Nación y protegido por el Congreso. De pronto alguien planteó como una salida para retirarlo del cargo la expulsión del Colegio de Abogados, y por tanto su invalidación para ejercer la profesión. Sin embargo, la entidad no procedió, lo protegió.

Se conocen casos abundantes de reclamos contra médicos por malas prácticas, que al judicializarse entran a la licuadora corrupta del Poder Judicial. Los afectados han recurrido como última instancia al Colegio Médico y lo que han recibido a cambio es un otoronguismo cerrado.

No sé a qué se dedica el Colegio de Arquitectos de Lima, pero me consta que su local de la avenida San Felipe es especialmente disparatado y feo en una ciudad que tiene perlas que ofrecer en edificaciones de mal gusto. Esa condición en una Lima que hace mucho perdió el rumbo de lo que es el urbanismo y la calidad del diseño exige de una institución especializada que oriente al sector hacia la arquitectura sostenible, grata y eficiente, pero dicho colegio profesional no tiene la menor presencia pública en un tema de tanta urgencia.

Colegios hay de psicólogos, de contadores, de odontólogos, de enfermeras, de todo. La condición para pertenecer a estos es haberse graduado en la carrera correspondiente y ciertas obligaciones, como la de votar en las elecciones internas de representantes y aportar cuotas regulares de dinero por derecho de membresía

No soy constitucionalista, pero salta a la vista que una colegiación compulsiva así planteada atenta contra la libertad de trabajo, más aún si obliga al afiliado al aporte de una suerte de diezmo. Pero al menos en la mayoría de profesiones antes señaladas queda claro el requisito académico para colegiarse, tanto como para ejercer la profesión.

El periodismo es un caso aparte. No sé cuál sea el porcentaje de periodistas que trabaja en medios y que están afiliados al respectivo colegio, pero intuyo que es mínimo. La tradición en el Perú ha determinado que la gente de prensa no tenga que pasar por estudios universitarios especializados, sino que provenga de otras canteras: humanidades, literatura, ciencias sociales y, muchas veces, del entrenamiento impagable que da la calle. Es por ello que todo intento de hacer obligatoria la afiliación al colegio respectivo ha fracasado.

Un ignoto congresista fujimorista llamado Elías Ávalos es el responsable de haber presentado un proyecto para la creación del Colegio de Politólogos, iniciativa que días atrás se aprobó en el Pleno del Congreso con 40 votos a favor, 20 en contra y 10 abstenciones. El proyecto determina que solo pueden opinar públicamente sobre política quienes han cursado estudios de no queda muy claro qué, pero eso sí, estarían obligados a colegiarse y a apoquinar.

En general las iniciativas de apristas y fujimoristas en el Congreso son necias y carecen de toda sofisticación; un poco más de filo y perversión intelectual las haría, por lo menos, interesantes, dignas de debate. Pero una lanzada como la del imperceptible Ávalos ni siquiera se ha tomado el trabajo de analizar el caso del periodismo gremial para establecer analogías y refinar su claro objetivo de controlar a los personajes que forman opinión política. Simplemente se recurre al machetazo, a la pesca de arrastre, a la burrada pura y dura. Porque si se trata de colegiar a los opinólogos, lo primero que se debería hacer es retirar a Yeni Vilcatoma del canal del Congreso sobre la base de la que suponemos ha de ser una norma en el proyecto de Ávalos: solo afiliar a profesionales que no tengan fijaciones con Condorito.