Edición 2589: Jueves, 9 de Mayo de 2019

Binomio Iglesia / Fuerzas Armadas

Lima, 4 de mayo, 2019

Sus carcajadas reventaban en el aire acompañadas de manotazos sobre sus muslos y sonoros aplausos. ¡El Cardenal Cipriani les estaba hablando en joda de sus necesidades sexuales cuando están lejos de sus esposas! Fue en la Escuela Técnica del Ejército donde tuvo lugar una de las situaciones más patéticas que nos tocó ver en esos años en los que las altas jerarquías del ejército y la iglesia católica sabían ya que el presidente Paniagua estaba dedicado a los toques finales de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación, que vería la luz en junio de 2001.

El 24 de enero de ese mismo año se dio aquella evidencia del binomio iglesia/fuerza armada, cuando Juan Luís Cipriani en una de una charla que tenía como tema la importancia de los valores, selló la confianza de los más poderosos militares del ´momento mediante el uso de palabras como huevear, mierda, y similares. Esos eran los valores que más tarde Cipriani y buena parte de las Fuerzas Armadas usarían como argumentos en contra de la búsqueda de la verdad.

Es ya un cliché la chambonada y la falta de sofisticación como características castrenses, aunque ello no sea justo con muchos militares. Groucho Marx sintetizó el estereotipo en un enunciado impecable: “La justicia militar es a la justicia lo que la música militar lo es a la música”. No sorprende por ello que la procacidad de un cardenal haya llevado a generalotes y coronelotes en aquella ocasión tanto al delirio como a la fe ciega en el compadrazgo del cura.

Gran ejemplar de ese humor rijoso, producto de la represión e hijo predilecto del machismo, es el general en retiro Edwin Donayre, hasta el día de hoy fugado de la justicia, la que lo sentenció a un lustro de prisión por haber robado combustible durante años a su alma mater. Donayre entró al Congreso por Ayacucho en la bancada de Alianza para el Progreso, no pudo luego usar su inmunidad porque la sentencia había sido dada antes de que se volviera padre de la patria. El retiro de esa trajinada inmunidad es otro acto del mismo sainete. Fuerza Popular el APRA  dilataron el proceso hasta que ya no les fue posible pero al mismo tiempo los congresistas le daban a Donayre el tiempo necesario como para urdir su fuga.

La charla de Cipriani, las palmadas de foca de los generales, la vulgaridad y el irrespeto hicieron de Edwin Donayre Comandante General del Ejército del Perú, cargo que mantuvo entre el 2006 y el 2008. ¿Cómo es que terminó luego como narrador de las paradas que se realizan en el Campo de Marte cada 29 de Julio, para la transmisión de Latina TV? Para quienes no somos fanáticos de ese espectáculo la voz de Donayre no significa nada; sin embargo suponemos que tiene que haberse dado una entonación y un fraseo que encandilaran a medio país que seguía por televisión el despliegue de lo innecesario.

Donayre se exhibió en el Congreso con los mejores méritos de la mayoría parlamentaria. No propuso ninguna ley significativa, se dedicó a figuretear y eso sí, fue muy activo en los tejes y manejes de una tóxica oposición que hasta el día de hoy debemos mantener con nuestros bolsillos. Lo curioso –o no tanto- es que Donayre, sabiendo que su inmunidad podía perderse con mucha facilidad, siguiera actuando en performances cargadas de xenofobia y odio hacia las mujeres y los gais, y siempre ante cámaras.

El clímax de la penosa actuación de Donayre se da cuando disfrazado de turista ingresa al LUM y se suma a un grupo de visitantes que era guiado por una de las profesionales del museo. Ridículo, con un sombrerito de clown, el general graba sus preguntas y las respuestas de la guía y luego las lanza al Congreso y a los medios como una supuesta prueba de que el LUM y la CVR son pro terroristas y anti patria.

Finalmente Donayre perdió su inmunidad junto con sus condecoraciones militares. Pero se fugó. Otro más que tomó el camino de la cobardía para no enfrentar a la justicia, pues entre el balazo y el escondite no hay demasiada diferencia a la hora de salvar el pellejo. Donayre deja como un reguero a seguir el odio visceral de muchos militares hacia la CVR y todo lo que suene a defensa de los Derechos Humanos. No es imposible que él haya estado ese día aplaudiendo a Cipriani y su rosario de groserías.