Edición 2588: Viernes, 3 de Mayo de 2019

Del Granito a la Metástasis

Escribe: Rafo León | “Los peruanos nos odiamos entre nosotros, mucho más de lo que temen los psicoanalistas”.

Lima, 29 de abril de 2019

El tumor empieza como un granito cuando dos personas se detienen a conversar en medio de un pasillo o, incluso, sobre los peldaños de una escalera. Si les llamas la atención, apenas arrimarán el cuerpo para que pases y lo harán de mal talante como diciendo, qué se cree este, ¿suizo?
El cáncer terminal, el que nos lleva día a día a la decadencia de nuestra calidad de vida y por ese camino, a la muerte del ánimo, está definido por cifras como las siguientes: al año 2017 el parque automotor peruano sumaba 2’661,719 vehículos mayores, es decir, sin contar bicis, motocicletas, mototaxis. Esta cifra, tomada de la data del MTC, da cuenta de que entre 2012 y 2017, el crecimiento ha sido del 7 por ciento anual, y que el 66 por ciento de esos vehículos se encuentra en Lima y Callao. Claro, en esas cifras no se podía incluir la desubicada iniciativa del SAT llevada a cabo hace unas semanas, consistente en rematar 1,085 vehículos decomisados, muchos de ellos en las lonas pero que en manos de maestritos se convierten en taxis, ofrecidos a precios en algunos casos menores de ciento cincuenta soles.

Ese mismo 2017 se compraron en todo el país 270,000 unidades menores. Ojo que esta cifra es anterior a varios factores que han contribuido a la metástasis en años recientes. Me refiero a los servicios de delivery en moto, tanto de establecimientos directos de comidas como de transporte en general, los Uber Eat, Glovo y otros que ya colorean de amarillo el bilioso transcurrir por nuestras calles. No existe un censo de bicicletas en el Perú, pero también hay que pensar que la cantidad de estas debe haber aumentado con la moda de dejar de usar tu carro y volver saludable tu vida aunque en el camino te agarre un camión contra el tránsito y te parta para siempre.

Haga la prueba de caminar temprano a la mañana como ejercicio en los malecones miraflorinos y su buena intención se convertirá en una pesadilla. Los ciclistas no respetan la ciclovía y acosan a los peatones con groserías o tocando el timbre con insistencia. A su vez, los peatones caminan por las ciclovías, porque deben dar paso a los atléticos fondistas, que es como si sufrieran de eyaculación precoz: no son capaces de disminuir la velocidad ante una persona que camina. En la pista ocurre otro nódulo: taxistas informales, muchas veces en vehículos que tienen pestillo de alacena para cerrar la puerta, piensan que todo el que transita por la vereda necesita tomar sus servicios y comienzan a tocar bocina y a gritar, ¡taxi!, ¡taxi!.

Las motos de delivery se han vuelto quizás el agente más peligroso en las calles de Lima. Como deben cumplir muchos encargos en muy poco tiempo, se sientan en las leyes de tránsito, no respetan las luces del semáforo, cierran a los autos y hasta –lo he visto– se suben a las veredas para ganar apurarse.

La moda de la salud y el veganismo no han hecho sino añadirle escaras al paciente del cangrejo. Esas niñas lindas que con su mat en la canastilla de la bici van a su clase de yoga, se sienten  inmateriales y pasan de un lado al otro de la pista como querubines de nube a nube, produciendo chirridos de frenos que sus oídos celestes no captan. Los choferes de combi parecen más bien los habitantes del averno, que salen a combatir a esos angelitos, metiéndoles el vehículo hasta topar sus bicis con los parachoques. Por el simple hecho de dañar.

Y como éramos pocos y parió la abuela, ahora estamos con los scooters eléctricos, la última maldición. Un vehículo menor, pensado para disminuir la densidad de autos (al igual que las bicis y las motos, y que no han reducido nada), y obligar al usuario a hacer ejercicio en un ambiente ecológico, ahora se enfrentan a ordenanzas municipales que los quieren regular porque ya se han producido atropellos a peatones.

Los peruanos nos odiamos entre nosotros, mucho más de lo que temen los psicoanalistas. En la diaria pelea que se da en las pistas volcamos los peores de nuestros sentimientos, y no necesariamente porque recurramos a maniobras temerarias para llegar temprano al trabajo. La principales transgresiones a las reglas de las vías se dan por el afán de impedir que el otro gane espacio, o porque necesitamos un pretexto para mentar madres y vomitar nuestras frustraciones, causa y efecto del granito que te lleva al oncólogo.