Edición 2567: Jueves, 29 de Noviembre de 2018

Planeamiento Estratégico

Escribe: Rafo León | “Ni modo que ostenten una misión, salvo la de enriquecerse con dinero y con poder.”

Lima, 22 de noviembre de 2018

Sería interesante someter a los fujimoristas a uno de esos ejercicios muy en boga hasta hace un tiempo, que se conocían como Planeamiento Estratégico, ¿recuerdan? (y a los apristas también). Un gráfico con cuatro cuadrantes: debilidades, amenazas, fortalezas y oportunidades, de cuyo análisis debía derivar una visión y una misión para tu organización. Es decir, un sentido a su quehacer, trazado en el tiempo y cifrado en una suerte de utopía modelo ESAN.

Dice el razonar común, lo ratifican las ideologías, las religiones, las corrientes de pensamiento e incluso las guerras, que cada individuo sigue un derrotero, cualquiera, pero va hacia algún lado. Las organizaciones ofrecen al sujeto la posibilidad de insertarse en algo con la finalidad de sacar adelante su razón de ser, de vivir, de actuar, de producir, de pensar. Los partidos políticos liberales vendrían a ser el modelo de la institucionalización de valores y metas no contaminados por el apetito rentista ni el estatismo que todo lo pervierte.

Muy bien, ¿qué visión y qué misión podríamos reconstruir que tiene el fujimorismo, desde que Kenya llegó al poder en los años 90? Honradez, tecnología y trabajo. ¿Cómo se concretaron esas tres palabras en una intervención política de tres periodos? Corrupción, destrucción de instituciones, copamiento del Estado para fines particulares, demolición de toda noción ética asociada al poder, instauración y bienvenida al quechuchismo y al maquiavelismo de emprendedor.

Han pasado los años y con ellos miles de cosas. Tenemos aún un Congreso con mayoría fujimorista que desde el inicio del gobierno de PPK, por reacción contra el Ejecutivo, no ha hecho sino echarse abajo toda iniciativa para construir núcleos sanos en una sociedad tan enferma como la peruana. Así, desde oponerse a la información en los alimentos envasados hasta declarar la guerra frontal a cualquier medida que favorezca a la inclusión de grupos marginados por su orientación sexual, esos políticos vienen demostrando que su visión de país es nula, que se amolda a la circunstancia de lo que el Ejecutivo proponga para destruirlo, que disfraza con leyes diversos intereses espurios como la minería ilegal, el narcotráfico y otras grandes actividades mafiosas. Y si no tienen una visión ni modo que ostenten una misión, salvo la de enriquecerse con dinero y con poder. No les interesa una reforma del Estado porque eso produce olas y lo que toca es hacer el muertito (para los apristas también)
Bien, esa es la derecha peruana. El sector privado tradicional en promedio sigue pegado a la idea de que el velasquismo se las debe, que los empresarios tienen el derecho a actuar como ellos consideren lo conveniente porque no se les pagaron los bonos de Reforma Agraria ni se restituyó un statu quo en el que ellos reinaban y gobernaban. Así es la nuez.

Solo que ahora lo hacen con el fujimorismo y un APRA que agoniza en su retórica de fugas y mentiras. El empresariado tipo comparte con el fujimorismo  la noción de que pensar, reflexionar, crear, son actividades peligrosas en las que se filtran las ideas insurrectas del comunismo internacional. Vieja herencia de la hacienda feudal donde, de manera deliberada, se impedía que el campesino se educara. Mejor era tenerlo embriagado y adormecido. Antigua costumbre que hoy se aggiorna por la vía de una palabra: caviar.

No hay sindicatos, el individuo se ha impuesto por sobre el común, las religiones han fortalecido un discurso emocional en el que el pragmatismo se adorna con cánticos. Los empresarios, o muchos de ellos, viven irritados por la obligación de tener que pagar sueldos, cuotas para fondos de pensiones y seguridad social de sus trabajadores, CTS y demás. Sobrecostos.  Temas de alcance internacional como la preocupación por el ambiente, o por la violencia de género, o por los rumbos que debe buscar la educación, son considerados por nuestra derecha como ajenos a un país que no está maduro para incluirlos en sus prioridades.

A tres años de un nuevo proceso electoral, que coincidirá con las celebraciones del Bicentenario de nuestra Independencia, estamos llegando con esa derecha. Y con una izquierda que es su reflejo invertido en el espejo, su némesis. Si las cosas son así, ¿hacia dónde mirar? Se supone que las utopías murieron con el reinado de la razón y que la historia llegó a su fin. ¿Atracar con semejante derecha compuesta por gentes de todos los colores y orígenes, unidas en un no plan para el país? Debilidades, amenazas. 

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