Edición 2566: Martes, 20 de Noviembre de 2018

¿Y Dónde Estaba Promperu?

Escribe: Rafo León | “Con un Promperú activo y serio, la prensa independiente estaría agradecida”.

Lima, 19 de noviembre de 2018

Es conocida la historia de aquel coronel del Sinamos durante el gobierno de Velasco que  se lució en una charla sobre un tema muy en boga en ese entonces, el rol de los medios de comunicación, ante los socios de la cooperativa recientemente formada en lo que había sido la portentosa hacienda Huando. El militar, con tiza y pizarra, comenzó su disertación: “Los medios de comunicación se dividen en tres: aéreos, marítimos y terrestres..”.

Los gobiernos en el Perú siempre han sido y son muy malos comunicando e informando. Pareciera que no le dan valor al tema y por ello permiten que las bases factuales de hechos de relieve nacional e internacional se esfumen en una nebulosa de rumores, ignorancia, malas intenciones. Más aún ahora con las archi peligrosas redes sociales. Lo paradójico es que cuando baja la popularidad del gobierno del momento, se le eche la culpa a “la mala comunicación”.

El domingo que pasó la euforia periodística en todas las plataformas hervía con el tema García/Uruguay. Una catarata de desinformación caía sobre nosotros, en especial a partir del momento en el que la Cancillería uruguaya anunciaba haber aceptado la solicitud de asilo presentada por el expresidente;  y que  luego apareciera una fake new en el diario El País, de Montevideo, según la cual el asilo ya había sido dado.

Soltada la noticia, los reporteros y hasta quienes conducían los especiales en los estudios entendieron y repitieron que el Uruguay como país concediente había otorgado el tan ansiado recurso diplomático a Alan. De inmediato las redes explotaron con indignación flamígera y se llegó a pedir que nuestro país rompiera relaciones con la hermosa patria de Horacio Quiroga.

Lo ocurrido ese día hace urgente a la figura del vocero oficial, ese muñeco parlante que en medio de la tempestad reúne a la prensa, nacional y extranjera, y le da de cuando en cuando un resumen de lo que viene ocurriendo, incluyendo USBs con textos oficiales y hasta fotos. Entre nosotros no hay vocero pero esa función fue la que generó la creación de Promperú en el año 1993, cuando un sector del Estado, el llamado “moderno”, decidió que la promoción de las inversiones extranjeras solo podía fortalecerse mediante la difusión clara y veraz de las oportunidades que ofrecía en ese momento el país.

Promperú de aquel entonces, con Beatriz Boza a la cabeza, cobró un papel crucial durante el conflicto del Cenepa, organizando y centralizando la información sobre un conjunto de acontecimientos que, librados al azar, podían crear mayor confusión entre las audiencias local e internacional. Y la verdad, ayudó en el contexto de una guerra.

Como centro de prensa Promperú cumplió funciones durante la toma de la embajada del Japón y tiempo después con respecto a eventos menos turbulentos, como las reuniones de APEC en nuestro territorio, entre muchos otros. Sin embargo, Promperú está identificada ante la gente como la entidad del Estado dedicada a la promoción turística en el extranjero y no es solo así: tiene en su mandato también la imagen general del Perú y la atracción del capital financiero del mundo, además del sex appeal de nuestras exportaciones.

Mucho se dice que la situación por la que estamos pasando frena las inversiones, y de hecho es así. Y no hablemos solo de los capitalistas de afuera, que hoy  tienen que guiarse por fuentes informativas dudosas y poco confiables; también el fenómeno atañe al empresario nacional. Es decir, Promperu tendría que haber estado dando la pauta de manera constante acerca de los hechos, del significado de estos, de lo que dicen y no dicen los tratados internacionales sobre asilo, a fin de contrarrestar las burradas que los medios con gran alegría se ocupaban de diseminar, y aquietar las aguas.

Ojo, que nadie está diciendo aquí que el Estado deba acaparar la tarea informativa bajo el monopolio de la versión única. Todo lo contrario. Con un Promperú activo y serio en momentos como estos, la prensa independiente estaría agradecida por contar con la perspectiva oficial de nuestro gobierno, y los corresponsales extranjeros respirarían aliviados al disponer  de una data fiable acerca de la posición del Perú frente a la solicitud de asilo.

Cada opinólogo se expresa desde sus intereses crematísticos y/o ideológicos, resulta inevitable. Un Promperú actuante no estaría libre de dicho riesgo, menos siendo la agencia del Estado; por ello su papel tendría que centrarse en exponer ante la prensa los hechos calatos, carentes de posibilidades interpretativas, como por ejemplo, los procedimientos de una solicitud de asilo, y cosas así. Pues imbéciles, los medios de comunicación no son solo los terrestres, los aéreos y etc.

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