Edición 2561: Jueves, 18 de Octubre de 2018

El Perú, Una Oficina

Escribe: Rafo León | “El Perú ha adquirido la fisonomía de una oficina, entrampada en sí misma”.

Lima, 15 de octubre de 2018

La oficina es una institución que propicia la baja productividad y la mala calidad del trabajo. Como entidad basada en la pirámide de poder y en la articulación entre los que son dueños frente a los simples empleados, diseña un campo para las envidias, las intrigas, las serruchadas de piso, la desconfianza. No sé si alguien se ha tomado el tiempo de hacer la medición, pero en mi experiencia, larga y variada, he podido comprobar que al menos la tercera parte del tiempo que pasan juntos los trabajadores de una empresa o similar se va en rencillas, trampas, chismes. En toda oficina hay al menos dos bandos en pugna, gestados en una puja por estar más cerca de quien manda. No hay manera de mantenerse ajeno a esa división. Tarde o temprano la trinchera que divide a los grupos se impone y así la oficina termina transformada en una pradera de batalla donde se hace de todo menos trabajar. La última vez que yo integré una organización con planilla fue en 1996 y cuando salí voluntariamente de allí sentí que se abría dentro de mí una ventana para que entrara el aire fresco y puro a una habitación por demasiados años encerrada en su propia toxicidad. Lo que vendría habría de ser difícil, la independencia, pero iba a valer la pena porque ya nadie decidiría por mí ni yo tendría que actuar por consigna dentro de ese kafkiano mundo de odios y adhesiones. Iba, por fin, a vivir en la realidad.

Desde hace ya varios años el Perú ha adquirido la fisonomía de esa oficina, entrampada en sí misma y desinteresada de su propia realidad, indiferente a su calidad productiva, ajena al principio que como país deberíamos tener presente, ser un territorio de unidad, de diversidad y de proyecto común. Hoy ocurre que la mayor proporción de información impresa, el costoso tiempo de la radio y la televisión, para no mencionar al castillo de naipes de las redes sociales, están ocupados por los mismos rostros, idénticos discursos, temas que se recrean día a día sobre un repertorio que no cambia. Keiko, el llanto coral de los Fujimori, los jueces podridos, sus salvaciones. La imagen del Perú ante los peruanos, la verdadera realidad virtual que nos toca vivir está compuesta por lo que ocurre entre agrupaciones mafiosas en el poder y una barrera temblecona construida por los buenos y sus dogmas. Hay momentos en los que, recobrada la lucidez, es posible sentir que somos unas moscas pisando miel, atascadas, en manos de otros, siguiendo un compás en un salón donde no hemos elegido bailar. Y si buscamos referentes en los medios que nos ayuden a entender, habremos de darnos con Velásquez Quesquén, ‘Vitocho’, Sheput, Mulder, del Castillo, ‘Meche’ Aráoz, el insólito cardenal Cipriani y en fin.

Nunca como ahora la separación entre política y economía ha sido más profunda. La política en el Perú de hoy, ¿qué es? Una maraña de corrupción institucionalizada en los tres poderes del Estado, con ingredientes nuevos como la ligazón entre ese desvío moral y legal que antes solo se perseguía dentro del Estado, ahora alimentado por el sector empresarial. Odebrecht hizo mierda al Brasil y miremos lo que está ocurriendo en un país gigantesco, rico y de retórica  feliz. ¿Y la economía? Una proyección de crecimiento que nos salva del desastre y más no sabemos. La única bisagra entre política y economía está en el directorio del BCR donde detractores furibundos del oficialismo comparten mesa con tecnócratas gobiernistas en la tarea de salvaguardar la autonomía de nuestras reservas. Mientras tanto más del setenta por ciento de los niños peruanos sufre de anemia.

Es para no soportar un día más la cara de Chávarry en tu muro de Facebook, como tema de noticia, de falsa noticia, de meme, de troleo. Yeni Vilcatoma ocupa más espacio en tu vida que la reflexión sobre los caminos de las plásticas en nuestro medio. El gesto achorado de la señora Letona se come la energía que podrías dedicarle al estudio, la información y la difusión de las técnicas para construir con materiales no contaminantes, como el bambú, un boom en Colombia, que nos queda aquí nomás, que no es Escandinavia. El estrabismo ansioso de la congresista Alcorta te hipnotiza al punto que dejas pasar la oportunidad de profundizar en las gigantescas economías paralelas que son la verdadera economía del Perú: narcotráfico, minería ilegal, contrabando, sobre pesca, tala en la Amazonía, trata de personas. No importa, que pase la familia Fujimori llorando a coro, tema ganador para bronca de oficina. 

 

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