Edición 2560: Jueves, 11 de Octubre de 2018

Fuera Urresti, Ojo A Antauro

“Fuera del escenario Urresti y los fujimoristas, ahora el alerta hay que ponerlo en Antauro.”

Lima, 8 de octubre de 2018

Mucho se está escribiendo y comentando a viva voz sobre el nuevo alcalde de Lima, Jorge Muñoz, como para seguir dándole al cántaro. Más interesante a estas alturas puede resultar referirse al caso de Daniel Urresti, el perdedor, un personaje que más que sobre sí mismo nos ilustra sobre una manera de hacer política en el Perú. O vamos, una de las maneras, porque Muñoz precisamente nos ha demostrado que existe la otra.

Un militar que estuvo destacado en Huanta en una época especialmente violenta del conflicto armado en la sierra sur del país. Una familia campesina asesinada, sin que se supiera por quién, investigaciones que parecen no convenir a los militares, un fotógrafo reportero valiente que va en su moto a registrar lo que está ocurriendo, varios balazos y un objeto explosivo le son clavados en la trocha y Hugo Bustíos vuela en pedazos. Había sido corresponsal de CARETAS en Ayacucho.

Tiempo después la señora Ysabel Rodríguez Chipana, a la que se había querido vincular con Sendero Luminoso en el asesinato de aquella familia siendo apenas una jovencita con un bebé sostenido en una lliclla a su espalda, declara en juicio haber sido dos veces violada por Urresti, y lo dice mirando a los ojos al General de Brigada en retiro. Pasa el tiempo, Urresti salta a ser acusado de coautor del asesinato de Bustíos y agresor sexual de Rodríguez Chipana.

Un hombre con ese curriculum es convocado como asesor por otro militar que carga con la sospecha de asesinatos extrajudiciales en la misma época, en una zona del Perú llamada Madre Mía. El presidente Ollanta Humala. Luego entra a ocupar el cargo de Ministro del Interior, que debe dejar cuando se le prueban abusos en asonadas ocurridas en Cajamarca y Pichanaki, ejecutadas con el inconfundible estilo del militar en zona de guerra. Solo que no estábamos en guerra.

Ese mismo hombre y no otro postula a la Presidencia de la República en 2016, representando al Partido Nacionalista Peruano. La gran sorpresa fue Susana Villarán, infatigable luchadora por los Derechos Humanos y conocida socialista de larga data, cuando apareció en la plancha del general como candidata a la primera vicepresidencia. Nadie entendía nada hasta que de pronto todos lo entendimos. Lo dejo acá. Y para hacerla corta, la postulación del mismo hombre a la alcaldía de Lima por un partido como Podemos Perú, que si no es un nido de corrupción, choca palo. Y aquí fue que Urresti perdió, y probablemente para siempre.

En muy pocos años la trayectoria de Urresti ha sido como una trenza en la que se han entramado acusaciones verosímiles y sustentadas de los peores crímenes que sanciona la ley peruana, con ascensos, postulaciones y expansión de su espectro como personaje político. A ello me refería como una de las maneras de hacer política en el Perú.

Varias interpretaciones se prestan para entender el caso de este general en retiro, mandón, carismático y arraigado entre los devotos de la mano dura y el poder castrense. Una de ellas es que se escapó de la justicia gracias que su figura pública creció de manera tal que ya no iba a resultar tan fácil, por el costo político, juzgarlo como se debió haber hecho. Pero otra alternativa es una psicopatía pura y dura. La armadura de quien cree estar seguro de que sus actos no acarrean consecuencias y de que su autoritarismo es un liquid paper capaz de borrar la memoria de gravísimos hechos punibles.

El Perú ya nos acostumbró a la impunidad en el poder, y el fujimorismo con su último Congreso (último en el doble sentido de la expresión) puso muy alta la valla del lumpenaje político. Urresti sin embargo pareciera haber perfeccionado el molde al hacer convivir su caso penal con una carrera que incluyó una asesoría a un presidente, un ministerio, una candidatura a la presidencia y otra, la más reciente, a la alcaldía de Lima Metropolitana, que casi se la lleva salvo que un juicio pésimamente ejecutado le hizo dispararse un tiro por la culata. Sorprendente en alguien que pareciera ser baquiano en el manejo de las armas.

Caen las caretas, se despintan rutas como la fujimorista que parecía imbatible. Pero queda en la población un sector que prefiere la mafia y la corrupción en el poder porque estas exigen mano dura, el don más preciado por muchos peruanos. Fuera del escenario Urresti y los fujimoristas, ahora el alerta hay que ponerlo en Antauro Humala, el heredero natural de la cachaquería inimputable.

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