Edición 2559: Jueves, 4 de Octubre de 2018

Condimentando Al Sapo

Lima, 30 de setiembre de 2018

Ambrose Bierce en su Diccionario del Diablo define al político así: “en comparación con el hombre de Estado tiene la desventaja de estar vivo”. Bueno pues, dentro de cuatro días estaremos obligados a elegir a algún personaje de esos a los que Bierce califica con mayor amplitud en su misma obra como “Anguila que se encuentra en el barrizal sobre el que se construye la superestructura de la sociedad organizada”. Entonces, si hay que tragarse el sapo, al menos pongámosle al batracio unos condimentos desde días antes para facilitar la digestión.

Sugiero entre hoy y el domingo darse una vuelta por el viejo Pueblo Libre, la plazuela del Museo de Arqueología y Antropología con la gran cabeza de Bolívar diseñada por el palenciano Victorio Macho. Entrar desde luego al museo y buscar específicamente las piezas Chavín. Luego, a la fonda Queirolo para zamparse una butifarra con su copa de acholado. Y si aún no te ha empachado el barroco americano, pues ahí está la iglesia de la Magdalena, doradísima por dentro.

Estamos cerca del Campo de Marte. Si vamos temprano al gran pulmón seguramente encontraremos que, mientras un montón de vecinos corren huyendo de la gordura, ahí están los jóvenes venidos de varios puntos de la ciudad a bailar huaylarsh. La energía del zapateo hace temblar a las alegorías calatas del monumento a Jorge Chávez (hermoso, ciertamente). Y si en un descanso le preguntamos a alguna de las chicas por qué lo hacen, te contestará que para contrarrestar la tensión de la vida diaria en una urbe que en cosa de días tendrá nuevo gestor.

Y si estamos por ahí recorramos las calles de San Beatriz y descubramos los pastiches que en tiempos de Leguía se construyeron los limeños ricos, y los nuevos ricos, hartos de vivir en los desvencijados caserones de zaguán para carretas del centro de Lima. Y si nos hemos informado antes habremos de enterarnos de que estos son los barrios originales de Ribeyro, de Szyszlo, de Blanca Varela, de Chariarse, de Eielson, y un poco más acacito, en Jesús María, de Lucho Hernández. Por supuesto, el MALI. Ahora con una exhibición maestra de platería pero si te arden los ojos con tanto brillo pues entra a la sala Cupisnique para que te preguntes sin respuesta por la pieza conocida como “el contorsionista”.

En media hora, con suerte, podremos dar el salto hasta la Casa de la Literatura, un espacio que nos devuelve el resuello con su belleza, su rigor y su perfecta gestión. Siempre con gente, visitantes del barrio que no son los mismos que hacen los circuitos culturales de Miraflores o Barranco. Son quienes tampoco se pierden una muestra de la galería del Centro Garcilaso, de la Cancillería, que también debemos ver.

Y si hemos mencionado a Miraflores, ahí están sus malecones y sus parques asomados al mar. El del Amor y sus grandes cholos fornicadores y sus muros a lo parque Güell de Barcelona. El Intihuatana con su puesto de crepes saladas y dulces al frente de la que quizás sea la mejor escultura pública moderna de Lima, ya casi invisibilizada por un edificio mastodóntico: Amarre, de Sonia Prager. Unas curvas por delante están las esculturas de Lajos D’Ebneth, sobre lo que fuera el Parque Salazar, una pérdida irreparable en la ciudad, el lugar del Perú más visitado por los turistas. Pero caminando hacia atrás, Marcelo Wong, y a kilómetros de distancia, Tola.

Hasta ahora solo hemos gastado en pasaje o en gasolina, y en el ticket muy justificado de ingreso al MALI. Podemos entonces darnos el lujo de una crepe de manjar antes de bajar caminando por la quebrada Balta hasta la Costa Verde, dios, ojalá hoy con un poco de resolana. Sí, está horrible, podría ser la ventana de Lima a la belleza pero no, es lo que hay, y aún ofrece parches de arena para caminarlos olfateando el océano, porque para ver bien las islas lo que se debe hacer es subir al malecón de Chorrillos y contrastar los huevos prehistóricos de roca y tierra con los 25 kilómetros que unen el extremo sur de la bahía con La Punta, otro polo impajaritable al que de repente deberíamos ir mañana porque tampoco es cosa de andar a las apuradas, esto no es una excursión de turistas ni un clip de Carlos Vives.

Se trata simplemente de preparar el ánimo para el domingo retomar la política, esa actividad que Bierce perfila  como “un conflicto de intereses que se enmascara como una discusión de principios”.

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