Edición 2558: Jueves, 27 de Septiembre de 2018

Los Partidos no Son Solo Los de Fútbol

“La indiferencia nos lleva a mirar para otro lado frente a inversiones sin sentido”.

Lima, 23 de sePtiembre de 2018

La paupérrima calidad de nuestro elenco político es un fenómeno multideterminado, no se debe solamente a que no existen partidos modernos y fiables; ni a que el régimen electoral, por ejemplo la cifra repartidora, terminen llevando al poder a gentes que no estaban en el bolo del elector. La pobre cultura política de la que hacemos gala tiene también una explicación en la ignorancia con la que los individuos entramos a la mayoría de edad ciudadana.

Estoy convencido de que si hiciera una encuesta en muestras de poblaciones urbanas y rurales de todos los segmentos socioeconómicos sería muy bajo el porcentaje de quienes reconocen y diferencian a los tres poderes del Estado y sus funciones, para no mencionar al Ministerio Público, la Fiscalía de la Nación, el Tribunal Constitucional, los gobiernos regionales y el ámbito de acción de los gobiernos municipales. La redes sociales sin querer queriendo han terminado por delatar nuestro desconocimiento de las instituciones públicas, de ahí el maximalismo, el debate ad hominem, las opiniones sin respaldo y las cada vez más frecuentes fake news.

El enfrentamiento actual entre el Legislativo y el Ejecutivo tiene una resonancia muy grande, en los medios, en los taxis, en el mercado, en las redes, en la calle. ¿Es ello una evidencia de que la cultura política por fin se desarrolla en el Perú? Me temo que no. Para poner un ejemplo, cada día cae más la simpatía hacia Keiko y todo Fuerza Popular y sin embargo los candidatos punteros para Lima en las próximas elecciones son todos de matriz fujimorista: autoritarios, carentes de programa, reveseros, opacos: navegan en modo albertomontesinista.

Quizás la calidad de la conciencia política del ciudadano, para no confundirnos, haya que buscarla no en el ámbito grande de lo central y lo nacional, sino en el reducido espacio de lo regional y municipal. Desde niños nos empezamos a hacer una idea de quién es quién en el poder local, ese estamento a cuyos actores conocemos porque los vemos en los desfiles de los domingos. Escuchamos opiniones sobre estos y sus oponentes; presenciamos, hasta que se nos da por participar, discusiones férvidas y exaltadas por cosas que nos conciernen tanto como si hay o no sistema de desagüe allí donde vivimos, o si es que el alcalde puso a su querida como contadora del municipio, o la posibilidad de que algún regidor desde su emisora radial extorsione a los comerciantes de la localidad.

Vivimos realmente en ese nivel del ejercicio del poder pero no estamos formados para darle su verdadera importancia. La idea generalizada es que llegará a alcalde el que tenga más plata y a través de un vientre de alquiler. Por eso es que no tiene ninguna importancia la promesa programática, todos son lo mismo. De esta actitud se deriva otra que nos coloca en el sistema nacional de la corrupción. La indiferencia nos lleva a mirar para otro lado frente a inversiones sin sentido, carísimas, sospechosas de corrupción por donde se las mire. Losas deportivas donde no hacen falta, programas de empleo temporal para morder en la planilla, faraónicos palacios municipales, rediseños delirantes de plazas y bulevares. El asunto es más notorio en los distritos y provincias donde llega algún canon.

Una verdadera educación política tendría que comenzar por lograr que las personas manejáramos la dimensión del ámbito municipal, sus potestades, mis posibilidades de reclamo y participación, los mecanismos de vacancia, además de los aspectos específicos de mi distrito y la evaluación de cómo los vienen manejando las autoridades respectivas. Sin embargo, el estado de las cosas hoy permite que un Diethell Columbus en su campaña anuncie que incluirá en el referéndum una pregunta sobre el aborto, en el entendido de que los fetos serán mañana ciudadanos electores.

Ignorancia e indiferencia dominan la actitud frente al gobierno local; pensemos ahora cómo será la cosa respecto del nivel regional. La regionalización corresponde a un diseño sobre el cual resulta imposible opinar, puesto que a nadie parece importarle, tanto como al Estado ni le va ni le viene el que la gente esté informada. He visto mucho en mis viajes de trabajo a grupos de pobladores organizados en torno a la construcción de una carretera que afectaría territorios protegidos, pero sin tener una noción clara acerca de la responsabilidad de la obra, si es de ámbito regional, o más bien del MTC. Los ejemplos sobran y deprimen. Los caminos de salida tendrían que darse desde la escuela pero sobre todo, en esos partidos que hoy solo existen cuando son de fútbol.  

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