Edición 2557: Jueves, 20 de Septiembre de 2018

Que se Los Cante Thalía

“A ninguno de los congresistas ‘honestos’ se le ha visto participando en las marchas”.

Lima, 16 de sePtiembre de 2018

Es tarde pero no tanto, puede ser el momento. No es descabellado pensar en que si no se hace, el camino que puede tomar la política en el Perú podría desviarse hacia polarizaciones extremas, de derechas, de izquierdas, no importaría, pues una debilitada democracia es lo que necesitan las fuerzas que manejan las enormes economías paralelas en nuestro país, narcotráfico, minería ilegal, tala, sobrepesca, trata de personas, contrabando. Con el escenario despejado, el crimen organizado terminará gobernándonos mediante la violencia y la opresión dentro del diseño de un país inviable.
Es tarde pero no del todo. Hasta ahora no encuentro una explicación al hecho de que los congresistas que no forman parte de Fuerza Popular y del APRA no hayan estructurado un bloque supra bancada dentro del Legislativo para desequilibrar la estrategia mafiosa y destructiva que viene desarrollándose en la Plaza Bolívar. Día que pasa queda más claro que el juego en favor de la corrupción, en contra del equilibrio de poderes y de una visión positiva de país, tiene como locomotora al fujimorismo y como vagones a apristas y a aliados individuales.

Una minoría como la conformada por la izquierda (salvo Arana y sus vericuetos) y por personajes como Guido Lombardi, Gino Costa, Alberto de Belaunde, Gloria Montenegro, Patricia Donayre, Marisol Espinoza y Carlos Bruce, entre otros, tendría que dar un paso más allá de su manera de votar dentro de las plenarias o en las comisiones. No es suficiente, en absoluto. Ellos no hacen sentir a la ciudadanía que existen a contramano de una cotidianeidad en el poder que se guía por motivaciones subalternas. Un bloque anticorrupción gestado dentro del Congreso daría la pauta para que una población desasosegada frente al statu quo reparara en que existen otras tendencias políticas, distintas opciones de salida.

En entrevista dada a El Comercio el domingo que pasó, Allan Wagner, Presidente de la Asociación Civil Transparencia, plantea que lo urgente hoy es bajar la temperatura de la bipolarización, lo que a su criterio implicaría superar la aporía fujimorismo/antifujimorismo y plantear una nueva disyunción entre corruptos y honrados (¿respectivamente?). Interesante propuesta pero que agarra realidad si nos damos cuenta de que las dos oposiciones señalan al fujimorismo como la causa del deterioro institucional, la generalización de la corrupción, el copamiento de sectores del Estado claves para la seguridad democrática. Esta constatación no apunta a nada nuevo, fue la esencia y el corazón del fujimorismo desde que, con el empujón del APRA, Alberto Kenya se sentó en el sillón presidencial.
Puede que este sea el momento para que cierto grupo de legisladores definan el polo de los honestos, tal como lo plantea Wagner, aunque en los hechos ello vaya a significar una confrontación más clara y enérgica con los fujimoristas y sus aliados. Los congresistas que pasarían al grupo de los no corruptos ejercitarían por fin el sentido de la representatividad para el que fueron elegidos. Hoy no lo hacen.

Ocasionalmente se pronuncian contra actitudes y medidas de los fujimoristas et al pero de manera reactiva, no propositiva. Y siempre dentro de reglas que a la gente del común ya nos parecen lo suficientemente desgastadas como para creer en ellas. Me refiero al código parlamentarista que se encierra en el hemiciclo y no sale a las calles. Como ejemplo, en un periodo en el que las marchas vienen siendo una forma de expresión ciudadana atendible, a ninguno de los congresistas “honestos” se le ha visto participando como representantes de la contracorriente. Si hablan o si marchan, lo hacen de manera partidaria o estrictamente individual. No cumplen con la tarea más importante que hoy los desafía: contrapesar en el Congreso a quienes pintan la cara de un entramado mafioso gigantesco y poderoso, que está en el Poder Judicial tanto como en los distintos ministerios, en la policía, en los municipios, en los gobiernos regionales.

¿Por qué no lo hacen, por qué no lo han hecho? ¿Se han contagiado de la desidia generalizada que permite que cualquier cosa ocurra en nuestra arena política? Si así fuera, no tienen derecho. ¿No son capaces de colocarse por encima de sus consignas partidarias? Entonces que salgan de la política, si en verdad son honestos. Que no teman. El momento les puede ser propicio, el fujimorismo está haciéndose ruinas pero, como la hiena herida, querrá dar golpes extremos así sean los últimos. La ciudadanía está empezando a reaccionar, los honestos que la componen precisan de una voz que nos represente. Aún estamos a tiempo, que se les oiga, que se les sienta.

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