Edición 2556: Jueves, 13 de Septiembre de 2018

Un Hueso de Pollo en Arequipa

“Cuando el desprecio por la cultura se convierte en sentido práctico, hay que comenzar a temblar.”

Según parece, el presupuesto para la operación y funcionamiento del Museo Nacional de Brasil era inferior al monto que se designa al combustible de los miembros del Congreso del país. El museo había tenido que cerrar sus puertas al público, privándolo de una exhibición de 20 millones de piezas representativas de temas como la paleontología americana, los testimonios de la prehistoria del sub continente, evidencias materiales de la historia étnica de la región y, por si fuera poco, invalorables objetos del antiguo Egipto, la Grecia clásica y el arte precolombino americano. Y ni qué decir de las dos bibliotecas más completas del Brasil en asuntos relacionados con nuestra genética y nuestra evolución.

La gasolina de congresistas muy mal afamados, tanto como los que nos dicen representar, valía más que todo ese bagaje de cultura, ciencia e información. En los últimos años solo ingresaban al museo  estudiosos e investigadores: la cultura quedaba arrinconada, circunscrita a una elite en una ruta inevitable hacia la decadencia y el aislamiento. La gasolina pudo más.

Arequipa es no solamente una de las más bellas y armónicas ciudades del Perú sino que, en comparación con otras, ha sabido mantener y conservar su centro histórico en condiciones ejemplares, un logro que consiguió la designación de este espacio como Patrimonio Cultural de la Humanidad, en el año 2000.

Parece, sin embargo, que la ecuación museo/combustible está a punto de producir un estropicio en zonas monumentales de Arequipa, debido a un proyecto municipal supuestamente destinado a aliviar el infernal tránsito de la ciudad, que ha sobrepasado todo lo manejable en sentido estricto de la palabra.
El intercambio vial en Juan de la Torre, el corredor vial de Jerusalén  y el viaducto de Salaverry son obras que la municipalidad plantea como derivadas del Sistema Integrado de Transporte elaborado hace una década, pero que muestran distorsiones y vacíos en relación al original, lo que produjo que las autoridades regionales de cultura pusieran observaciones a levantar antes de iniciar cualquiera de las obras.

Lo que sigue es una historia enrevesada de maniobras y trámites poco transparentes respecto de las observaciones de cultura, propuestas no solamente por los posibles impactos que esas obras tendrían en la parte monumental del casco histórico, sino por la inseguridad que representarían para los usuarios de estas vías el hecho de que no haya un estudio serio de capacidad de carga ni del tipo de vehículos a circular (en el proyecto se llega a mencionar... “un tren supersónico”).

Esta clásica sacada de vuelta a los criterios de conservación patrimonial, extendido en todo el Perú casi como una paradójica normativa, ha terminado por producir la salida del cargo de Franz Grupp de la Dirección Desconcentrada del Ministerio de Cultura de Arequipa. Grupp se desempeñaba allí desde antes de que el INC se convirtiera en MINCUL, y su gestión es reconocida por su clara y valiente oposición a cualquier iniciativa que afecte la calidad del centro arequipeño.

Como viene ocurriendo en nuestro atormentado territorio, de Tumbes a Tacna, los alcaldes salientes quieren dejar su nombre asociado a obras memorables que sostengan la permanencia de sus organizaciones en el poder municipal o, como en el caso de Arequipa, que gatillen el salto del ex alcalde Alfredo Zegarra, quien dejó el cargo a su regidora Lilia Pauca, para lanzarse como candidato a Gobernador Regional. Zegarra, ayudado por Pauca, plantearon como huella imperecedera de su gestión las obras antes mencionadas pero bypaseándose las observaciones de cultura. Y lo más grave, ocultando la verdad ante el presidente Vizcarra, quien sobre la base de información inexacta declaró que los proyectos iban y punto. De paso, se planteó sacar del cargo a Grupp, lo que se consiguió mediante un expeditivo  procedimiento comandado por Patricia Balbuena, Ministra de Cultura.
Cuando la irresponsabilidad y el desprecio por la cultura se convierten en sentido práctico, hay que comenzar a temblar. En Brasil no faltará quien argumente que más importante que mantener un museo es facilitar la movilidad de los congresistas. En Arequipa las autoridades municipales, sin ningún escrúpulo, están tratando de imponer una obra enorme y cuestionable en base a impulsos populistas y “pragmáticos”. Ya poco deberíamos sorprendernos frente a este tipo de barrabasadas. Se sabe que en una reunión del Consejo de Ministros el entonces presidente Alan García, ante el conflicto surgido entre un proyecto minero y un hallazgo arqueológico, dio un puñetazo en la mesa y con voz de barítono exclamó, “ya no se puede hacer nada, aparece un hueso de pollo y hay que parar una inversión millonaria”.

Loading...