Edición 2549: Jueves, 26 de Julio de 2018

Montaje a La Nación

Escribe: Rafo León | “A ellos les basta con ser una mayoría apabullante, amenazadora y vengativa”.

Lima, 21 de julio de 2018

Jueves 20 por la noche, los grupos de manifestantes de Lima contra la corrupción van llegando a la Plaza San Martín por distintas vías. Muchos marchan en grupos identificados, gremios, CGTP, organizaciones. Llevan sus banderolas distintivas y corean sus consignas. Sin embargo, la mayor cantidad de gente camina de manera independiente. Son quienes sin pertenecer a gremio, asociación o tendencia alguna, necesitan expresar su indignación. Llama la atención lo nutrida que se ve la marcha en el centro de Miraflores, una prueba en contra de la tesis de Aldo Mariátegui, según la cual esta enorme movilización estuvo copada por la izquierda. ¿El Movadef en La Diagonal?

De pronto la televisión deja de mostrarnos la dinámica de una marcha que se perfilaba como poderosa, y como si de un mensaje presidencial a la nación se tratara, aparece Keiko Fujimori ubicada en la estereotipada posición de quienes se quieren adornar de academicismo, sentada delante de una biblioteca en la que el único título que se alcanza a leer es “Túcume”.

Flanqueada por dos banderas, la del Perú y la de su partido –que lucía una gigantesca K–Fujimori entra en cadena nacional a todos los hogares para decir que ella no es la señora K, opinar sobre la crisis actual derivada de los audios y darle directivas al presidente Vizcarra sobre cómo actuar al día siguiente en el Congreso. Además, para lamentarse porque ella y su familia estén siendo injustamente denunciados o investigados por supuestos vínculos con los magistrados y otros mafiosos. Supongo que hacía alusión al cargamento de coca que se asoció hace un tiempo con Kenji, o a la reciente novedad de que Sachi Marcela, a través de su estudio de arquitectos, es la que le construye los locales a Iza Motors, la mega repuestera de propiedad de ‘Toñito’ Camayo, veloz emprendedor vinculado por sus cuatro costados con las corruptelas que todos hemos escuchado.

La primera pregunta que me hice ante la aparición súbita de Keiko en un escenario tan producido fue, ¿esto es publicidad política pagada? De conferencia de prensa no se trató. Keiko en esos momentos estaba fuera del país. Por tanto estamos hablando de un soporte con el mensaje grabado que FP había hecho llegar a todos los canales para su emisión. Y todos los canales, abnegados informadores, emiten a la vez el video que breve no fue, superó los siete minutos, al menos en mi viejo reloj de manillas.

¿Qué hizo en realidad Keiko Fujimori esa noche, al meterse al hogar de millones de peruanos sin haber sido invitada? Más que el significado de sus palabras, importa el hecho de su aparición televisada en cadena. Keiko lo que ha querido demostrar es que ella es en realidad quien gobierna al país, pues solo el Presidente es quien tradicionalmente da ese tipo de mensajes. Pero Keiko se apropió de un espacio más, en la estrategia de cooptar territorios sociales y políticos en nuestro país. Esta vez se birló la manera como se comunica nuestra más alta autoridad. Keiko se la levantó con todos sus recursos: escritorio, banderas, biblioteca. Una adelgazada y buenamoza señora Villanella irrumpió en la televisión interrumpiendo las emisiones sobre la formación de la gran marcha, tanto como los comentarios de periodistas y políticos acerca de la crisis.

Sorprendido por lo que estaba ocurriendo, me dediqué a observar a Keiko Sofía Fujimori Higuchi, a detenerme en sus facciones antes que a escuchar sus palabras. Y me di cuenta de que la señora comparte con su padre, con Laura Bozzo, con Vladimiro Montesinos, con Carlos Manrique (cheverengue) un rasgo que habla mucho de la persona: lo que se expresa mediante la palabra, es desmentido con la mirada. Toda la santa indignación de la cabeza de FP, la defensa cerrada de su inocencia, el izamiento de la bandera de su honradez y dignidad, entraban en flagrante contradicción con una mirada cínica, helada, dos puñales orientados de frente contra el pasivo televidente obligado por los canales a tener que soportarla.

Sorprende que la Ley Mulder, según Mulder y plenamente respaldada por los fujimoristas, haya tenido como soporte el ahorro público. Llama la atención porque con la manera como Keiko se las arregló para dar un mensaje a la nación sin ser siquiera una congresista, nos remite a los mecanismos que maneja la mafia para manipular a la opinión pública según sus intereses. Para ellos no es necesario pagar por siete minutos en el prime time de la TV. Les basta con ser una mayoría apabullante, amenazadora y vengativa.   

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