Edición 2541: Jueves, 31 de Mayo de 2018

La Pedrada de David

Escribe: Rafo León | “Estoy convencido de que este tema está marcando un hito en la caída l ibre de la aceptación del Congreso”.

Lima, 28 de mayo de 2018

Se entiende que una bancada parlamentaria legisle en contra de la introducción de conceptos de género en el currículo escolar; esa toma de posición es coherente con una ideología y la democracia las debe permitir a todas. Lo que no queda tan claro es por qué los mismos legisladores se opusieron a incrementar las penas para los abusadores sexuales contra menores, poco tiempo antes de dar un carpetazo a una castración química que nadie comprende, más allá de su impacto populista.

No se entiende, en absoluto, qué mueve a los congresistas fujimoristas a dar una ley que condona la deuda tributaria de las líneas aéreas. Si ellos están donde están es para definir y defender el ámbito del derecho del ciudadano en contra de la presión de los intereses particulares. Entonces, ¿por qué lo hicieron? En la misma lógica (o ausencia de tal), ¿cuál es el sustento para que la misma bancada haya descartado el sistema informativo de los rombos para los alimentos envasados, y haya aprobado el absurdo esquema del semáforo? Optar por algo que no ayuda a las familias no parece un mandato digno de un miembro del Legislativo.

¿Por qué Fuerza Popular se opuso a la iniciativa de prohibir los envases plásticos de un solo uso, como se viene haciendo cada vez más en el mundo? Una medida que solo trae salud contra lo que se ve en los ríos de San Martín o en la Panamericana Norte, despliegues de basura plástica que no se destruye en siglos. Sin embargo los fujimoristas cerraron filas y seguimos con la vía libre para una forma de contaminación inadmisible.

El rechazo a la bicameralidad, el entusiasmo por una ley que saque del juego a la “prensa mermelera”, ¿no están acaso agraviando derechos básicos del ciudadano, como el de un mejor ejercicio político, y la libertad de prensa? Menos entendible aún, la negativa blindada a que se fiscalicen las cooperativas de ahorro y crédito, robustas lavadoras al seco de plata mal habida.

¿Para quién legisla este Congreso? Para la población no, claramente. Ya no hay dudas de que el congresismo es una opción profesional que promete grandes ganancias a través del lobby de sectores privados. Lo peculiar es que siendo el Congreso la entidad pública más detestada en las encuestas, nadie haga nada para cambiarlo. No me refiero al cierre sino a respuestas de control y fiscalización que impidan estos gatos por liebre que nos enrostran día a día con un cinismo lumpenesco.

Sin embargo, el reciente destape de la compra de los televisores y frigobares sí ha generado un rechazo ciudadano bastante sonoro. Y eso se explica porque eso se siente como una burla personal, algo que concierne directamente al sujeto en sus intereses más singulares Todos quieren ver los partidos del mundial en los mejores televisores pero quienes realmente la van a gozar, con plata del peruano, son los congresistas. La imagen de estos señores repantigados en sus escritorios, tensos ante un partido, vaso de whisky en la mano con hielo salido del frigobar, es demasiado ofensiva como para sostenerse indemne.

Estoy convencido de que este tema, groseramente manejado por Galarreta, Becerril y la misma Keiko, está marcando un hito en la caída libre de la aceptación del Congreso. Esto me hace recordar a algo que ocurrió en la ciudad de Ayacucho en la época más dura del conflicto armado interno. Con  el toque de queda los habitantes de la ciudad se recogían temprano, y una calma de cementerio se instalaba en los barrios, silencio, murmullos, miedo, opresión. Un buen día esa misma población se quitó el terror y salió a las calles a protestar, a pesar de que la suspensión de garantías lo prohibía. ¿Qué había pasado? El alcalde de entonces, entre gallos y medianoche, mandó talar las dieciséis viejas y elegantes palmeras que daban identidad a una de las plazas mayores  más hermosas del Perú. Ese día los ayacuchanos se despertaron y descubrieron espantados que un elemento casi orgánico de su ciudad había sido extirpado de manera abusiva y arbitraria. Y las calles se llenaron de indignados.

Algo menor a un conflicto armado que acababa con decenas de miles de vidas, termina detonando una reacción en contra porque el poblador se sintió atacado en su historia, su memoria, su percepción cotidiana. Un fenómeno similar podría estar ocurriendo con los televisores y los frigobares. A lado de una serie de casos de corrupción, este es una cosquilla; y a pesar de ello podría ser la pedrada que salga de la honda de David para quiñarle la impunidad a los fujimoristas.

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