Edición 2538: Jueves, 10 de Mayo de 2018

Con mi Miedo no te Metas

Escribe: Rafo León | “Cuánto contrabandea Cipriani, cuánta muerte propicia, cuánta infelicidad”.

Lima, 6 de mayo de 2018

Ya no es necesario entrar en detalles sobre el espíritu retrógrado y medievalista de un sector del clero y la feligresía católica. Yo estoy convencido de  que si sientas en un interrogatorio a un miembro del Opus o del Sodalicio, o a un simple ultraderechista de los que tenemos en la arena política y el periodismo y le comienzas a hacer preguntas de más a menos, terminará defendiendo a Hitler. Es decir: ¿Qué es mejor, el diálogo o la mano dura? ¿Está a favor de la pena de muerte? ¿Qué piensa sobre el feminismo? ¿Tiene una posición frente a los sectores LGTBI de la población? ¿Es cierto que preferiría que no existieran? O sea, ¿si usted tuviera la potestad de anular la vida de los grupos que perturban su visión ética y religiosa, promovería que los gasearan, mediante la dación de una ley que vuelva legal el acto? ¿Cree usted que el hombre es un ser que tiende a la libertad o más bien a lo instintivo y por eso necesita de una religión que lo ponga en vereda? ¿Piensa usted que esa debería ser una tarea conjunta del Estado y la Iglesia Católica? ¿Sí? ¿Qué piensa de Pinochet? En una escala de cero a diez, ¿qué nota le pone a Hitler?

Conocemos menos el zapato de hierro dentro del que se mueven los miembros de ciertas iglesias evangélicas, una tendencia que si nos guiamos por los resultados del último censo resulta que han captado ya al 25 por ciento de nuestra población, mayoritariamente en los sectores más pobres, periurbanos, rurales y con mucha fuerza en la Amazonía. Prohibidos de practicar sus costumbres y tradiciones, de cantar y de bailar lo que no sean sus salmos y solo en ceremonias, de beber alcohol y café, de fumar, de pensar libremente; obligados a pagar un diezmo, los feligreses de estas iglesias viven con el alma en un hilo temiendo que a cualquier mal paso, el demonio se les meta de una vez y para siempre. El diablo es el vector de su conversión y de su moral.  Sus conceptos sobre la pareja, la sexualidad, el aborto, las opciones de género, son para los militantes de estas religiones el plumazo  total que define a las mujeres como máquinas paridoras, a los hombres como cabezas de familia destinados a acumular dinero y a procrear sin límites, y al ser humano en general como un inflador de riqueza y demografía.

Tradicionalmente el catolicismo institucional ha despreciado a estas iglesias calificándolas de sectas. Vis a vis, los evangélicos colocan en el Cristianismo el peor de los pecados según su credo: la idolatría, la adoración de imágenes, el desvío de la palabra escrita. Diferencias irreconciliables.

¿Seguro? Pues no lo habían sido tanto. El movimiento Con Mis Hijos No Te Metas y eventos como la reciente Marcha por la Vida, son la prueba de que ante un enemigo mayor, las enemistades menores se diluyen. La amenaza común es mucho más poderosa y peligrosa y se define en una palabra que hasta tiene un sonido horrible: aborto.

Las pingües manifestaciones de estos movimientos se articulan en dos consignas: no al aborto y no a la “ideología de género”. Se define al aborto como el asesinato de un humano, y al asunto de género como el apostolado de la homosexualidad. Pongámonos en el caso de una familia pobre, de una zona marginal, llena de incertidumbres y de miedos entre los que tiene peso la posibilidad de que el marido esa noche venga borracho y luego de pegar a los hijos y a la esposa, la fuerce y la embarace. El agujero que va horadando la angustia en esta familia hará que sea la señora la que recurra a la iglesia de la esquina a buscar consuelo. Lo que encuentre será una cura mágica al alcoholismo del marido y la imposición de una normatividad en la vida inmediata solo comparable a una armadura talla small.
La manipulación del miedo en la boca de su umbral es la herramienta que usan los cristianos y los evangélicos embarcados en estas causas. Cuando hay tal dosis de terror no tiene sentido desperdiciarse entrando en razones. No es posible que se entienda que en la trastienda de esas dos herramientas de Satanás, late un concepto de la mujer que es el que detona y justifica los feminicidios, las violaciones, la discriminación laboral, el ninguneo, la exclusión del poder, su sometimiento a leyes pensadas y dictadas por hombres.

Cuánto contrabandea monseñor Cipriani, cuánta muerte propicia, cuánta infelicidad.

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