Edición 2537: Jueves, 3 de Mayo de 2018

Miraflores Melody

Escribe: Rafo León | “Contaminación ambiental, tránsito insoportable. La calidad de vida en Miraflores se va a pique”.

Lima, 29 de abril de 2018

La copiosa información sobre el aberrante intento de feminicidio perpetrado por Carlos Hualpa contra la joven Eyvi Ágreda nunca dejó de mencionar que el delito se había cometido en Miraflores, una manera tácita de señalar que ya ni ese distrito se encuentra libre de albergar hechos colocados ideológicamente en espacios más bien pobres y desasidos. Es ya un lugar común sostener que los limeños de clase media se enteraron de la existencia de Sendero Luminoso a través del atentado de Tarata, boulevard situado en el mismo centro miraflorino. Mientras tanto siguen apareciendo edificios nuevos en terrenos en los que uno ni siquiera había reparado que estuvieran disponibles. Miraflores, su prestigio, sigue teniendo buena salud.

Desde que tengo memoria, en la esquina de Ocharán con San Martín, se levanta una casa de los años treinta bastante desangelada pero eso sí, fiel al color verde en su fachada, seguramente habitada por gente con la economía venida a menos a la luz de los rasgos de abandono que como un maquillaje de cocotte se muestran al paseante. Hace un par de semanas estuve por allí, un cartel ofrece la venta del inmueble como terreno: 400 m2, a 3,500 dólares cada unidad. Es decir, un millón 400 mil dólares por un predio en una zona en la que no se puede construir edificios de más de siete pisos. Para esos montos, el área de cada departamento no justificará el precio, salvo que pongan grifería de oro o baños con pisos térmicos.

Voy, sin embargo, a otro punto. He visto en el Miraflores de los últimos años cómo gente empobrecida, jubilados, ancianos medio abandonados por sus familiares, personas que vivían solas y a las que veías comprar sus dos panes por la mañana y luego barrer ellas mismas la tierra de sus fachadas, de pronto volverse literalmente millonarias al haber vendido sus casas que como tales ya no valían nada pero que son peritas en dulce para la ecuación edificio + Miraflores = nuevo  estatus. Estos bruscos saltos demográficos supongo que tienen mucho que ver con la expansión de una clase media inédita en nuestras ciudades. Inyecciones de dinero mediante el sector urbanización y construcción que tienen como consecuencia el crecimiento del rentismo, algo que genera poca riqueza, apenas mayor consumo. Los antiguos propietarios reciben generalmente en pago por su terreno un departamento en el nuevo proyecto, pero que al no poder mantenerlo lo terminan vendiendo o alquilando, y la pequeña fortuna queda allí.

Según el censo de 2007, Miraflores tenía 85,065 habitantes. El censo de 2017 nos dice que en Lima vivimos 9’752,000 personas y en Miraflores, 82,805, algo así como el 0.3% de toda la capital. ¿Cómo entender ese descenso poblacional cuando las casas miraflorinas han sido casi todas reeemplazadas por edificios de muchos departamentos y que la tendencia continúa a pesar de lo delirante del precio del m2? Porque si de estatus y propiedades estamos hablando, en internet aparecen avisos de venta de casonas en condominios de Miami, a 350 mil dólares con piscina y sol incluidos, pero el mercado crece aún en Miraflores. Hago una interpretación silvestre. Se está especulando, hay quienes compran varios departamentos con la idea de venderlos o alquilarlos cuando el precio se incremente aún más, o con la mira puesta en el airbnb. Es decir, a la manera como se diseñaron en España y en USA las burbujas inmobiliarias. Al lado de eso, muchas casas también han caído para ser reemplazadas por tiendas, restaurantes y otros negocios que no aumentan la densidad poblacional de un distrito, pero sí su tugurización.

Lo concreto es que el estereotipo de un Miraflores aristocrático (algo que nunca fue) ha causado la destrucción no solo de una maravillosa arquitectura propia (el rancho de madera para el veraneo) sino que está facultando la metástasis de edificios de muy mal gusto, de esos que aprovechan hasta la última pulgada de terreno asumiendo fachadas en ángulo, acabando con los retiros y reduciendo aún más las zonas de las habitaciones, con especial impacto en las llamadas áreas de servicio: racismo y clasismo. Hay que añadir a lo anterior el incremento exponencial de vehículos, pues cada departamento tiene dos cocheras. Contaminación ambiental, un tránsito insoportable, nadie desconecta de noche sus alarmas. La calidad de vida en Miraflores se está yendo a pique. Un gasfitero sabio me advirtió hace poco: “múdese, en pocos años a diario van a reventar las troncales de agua y desagüe”. Pero hasta en estos desaciertos se aprecia el peculiar arribismo peruano, ese que desconoce la realidad, que no toma en cuenta la sostenibilidad de sus inversiones porque quiere tener en su DNI la certeza de que vive en Miraflores. 

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