Edición 2535: Jueves, 19 de Abril de 2018

El Hombre Más Peligroso Del Perú

Escribe: Rafo León | “El etnocacerismo será el heredero de la tradición lumpenesca del fujimorismo, sin duda”.

Lima, 14 de abril de 2018

¿Quién hace a quién, el elector a su candidato o este a quien lo pone en el poder? No creo que haya una sola respuesta, simple, a esta pregunta retórica, pero pareciera que en sociedades muy poco evolucionadas en cuanto a política y ciudadanía como la peruana, la relación entre candidato y elector es una creación recíproca que se nutre del populismo, del caudillismo, de la entrega de cheques en blanco a quien lo promete todo, de revancha contra una historia pasada signada por la exclusión y una formalidad que solo beneficia a un sector. Ese vínculo estrecho entre la gente y el líder se va llenando de contenidos más primarios y elementales cuanto mayor es la crisis del sistema político formal. Estamos en el Perú y no hay duda respecto a que el personaje más peligroso de la arena política es, por lo antes expresado, Antauro Humala.

El pasado 13 de este mes el diario Correo publica una foto tomada en algún lugar del VRAEM en la que aparece un piquete de pioneritos senderistas ya crecidos posando con Víctor Quispe Palomino, alias ‘José’, importante cuadro del grupo terrorista en esa zona del país donde el senderismo ya está absolutamente integrado con el cultivo de coca, y la producción y tráfico de PBC y cocaína. Al lado de Quispe figura Sacha, lugarteniente de Antauro, antiguo etnocacerista y hombre de toda confianza del hermano del expresidente que hoy pasa una desproporcionada prisión preventiva junto con su esposa.

La foto fue entregada a Correo por el congresista de Fuerza Popular, Octavio Salazar, con la información de que Sacha y Quispe se habrían reunido varias veces en la zona ayacuchana de Vizcatán.

No hace falta, sin embargo, una imagen tan comprometedora como la filtrada por Salazar para encender todas las alertas en relación con las posibilidades que tiene Antauro Humala de convertirse en un actor político de primera fila en los próximos tiempos y con la perspectiva del 2021. Desde el levantamiento de Locumba, en el año 2000, y la formación del Partido Etnocacerista, se viene sosteniendo una campaña sin pausa de propaganda de este movimiento, en calles y plazas sobre todo del Sur Andino y a cargo de jóvenes reservistas desocupados y llenos de energía y deseos de estar sentados a la mesa y echar a todos los demás comensales para quedarse ellos con el banquete completo. Los cimientos del movimiento liderado por Antauro son ganadores en un país políticamente emotivo, maximalista y discípulo de la ignorancia en la cátedra de su propia ciudadanía. El antichilenismo no tiene pierde. La fantasía de recuperar Arica y Tarapacá por las armas es un objetivo prioritario y deseable entre personas que no perdonan el triunfo chileno de 1879 y menos absuelven a la oligarquía peruana que lo permitió. El pisco, el suspiro de limeña, Wong, LATAM, los cuatro mil chilenos que ingresan diariamente a Tacna para hacer compras, chequearse con los excelentes médicos peruanos y comer delicioso, son para los etnocaceristas evidencias vivas de que el triunfo de la guerra por el guano y el salitre nunca se selló como un final sino que continúa en expansión.

El rechazo a la clase blanca, criolla, urbana y clasemediera, con apellidos de origen castizo o europeo es otro soporte “político” ganador. Es frecuente que en cualquier debate sobre nacionalidad se descalifique a alguno de los contrincantes con el argumento ad hominen de no apellidarse Quispe o Mamani (¡¡). Antauro supo leer con astucia ese lado de nuestro nacionalismo fascistón y en varias ocasiones ha salido a decir que cuando llegue el poder, solo otorgará nacionalidad y ciudadanía a quienes muestren apellidos autóctonos, mientras que al resto nos concederá una suerte de salvoconducto para poder vivir en el país.

Achorado, incapaz de respetar reglas, sociopatón consumado, ha pateado bancas y mesas del penal cuando no se le hacía caso, ha metido drogas sin ningún intento de ocultarlo y por último, tuvo un sonado affaire con una hermosa muchacha rubia, blanca y de apellidos, como para fijar el triunfo del cachaco cholo omnipotente sobre todo lo que pertenezca a la sociedad que se considera dominante. Con algo de Evo y mucho de Chávez, Antauro Humala es la creación perfecta de unos padres híper autoritarios, homofóbicos, excluyentes y cabezas de una célula familiar endogámica.

El etnocacerismo será el heredero de la tradición lumpenesca del fujimorismo, sin duda. Si alguno de los lectores que pasa la vista por estas palabras se sintiera tentado a colocar a Antauro en el poder, por favor, que avise. La resistencia tanto como el exilio es mejor prepararlos con tiempo.

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