Edición 2534: Jueves, 12 de Abril de 2018

Toda Repetición es Una Ofensa

Escribe: Rafo León | “La tenaz resistencia de la derecha a analizar, matizar y comprender los hechos”.

Lima, 8 de abril de 2018

La realidad cambia, nunca es la misma; a diferencia del  lenguaje que se esclerotiza, no sigue el ritmo de la realidad y al final termina modelándola, volviéndola una materia inerte, imposible de mover, como la inmensa roca que arrastró un huayco y no hay manera de trasladarla para que vuelva a fluir el tránsito en la carretera. La reciente toma de San Marcos por parte de estudiantes inconformes con la aplicación de los Estudios Generales según demanda la Ley Universitaria en vigencia, generó una respuesta absolutamente desproporcionada exigida por el rector Orestes Cachay: doscientos policías llenos de palos y bombas de gas entraron con tanquetas al campus y reprimieron con golpes, perdigonazos, lacrimógenas, detenciones, violación de territorio, todos los ingredientes para una puesta en escena de lo que era la imagen cotidiana de San Marcos y otras universidades públicas del país en los años sesenta y setenta, cuando muchas de las dirigencias estudiantiles estaban copadas por ramas del árbol de Sendero Luminoso.

La realidad ha cambiado, esta vez la protesta detonó porque los Estudios Generales que deben ser comunes a cinco carreras, se iban a aplicar de manera improvisada, sin silabus estructurados por materia, carentes de catedráticos capacitados, aulas insuficientes. En vísperas del inicio de ese pre grado es que se produce la toma del local. Desde luego que el asunto no es tan simple. Al lado del reclamo perfectamente justificado, está la presión de catedráticos antiguos que verán reducidas sus horas habituales de dictado, además de la posición de quienes quieren, directamente, bajarse la Ley Universitaria. Lo que sin embargo no se puede negar es que la realidad de esta medida es completamente distinta a la forma que tomaba la protesta estudiantil treinta, cuarenta años atrás.

Pero el lenguaje no cambia. Autoridades, opinólogos y sobre todo periodistas siguen refiriéndose al sanmarquino como el “eterno estudiante”, ese que vive de agitar y por ello nunca culmina una carrera sino que parasita desde su condición de revoltoso subversivo. El mismo discurso que en mi generación llevaba a nuestros padres a descartar a San Marcos como opción para sus hijos y buscar la universidad privada. “Nunca vas a acabar tu carrera, la universidad la controlan los comunistas enemigos de los estudiosos”. Palabras que hoy repiten lenguas que no tienen la menor idea de cómo se comportaba el sistema universitario antes de la caída de SL. Palabras que se repiten imitando a las que se usaban para calificar una realidad que poco o nada tiene que ver con la actual. El lenguaje estático vuelve reaccionaria a la realidad.

La tenaz resistencia de la derecha peruana a analizar, matizar y comprender los hechos se expresa con claridad en el lenguaje, todo el tiempo. Titulares o posts de red social en los que se lee, “Juez  ordena la libertad de Morote y otros terroristas”, están tallando una manera de entender las cosas según la cual a discreción un magistrado decide poner en libertad a sujetos que para el común deberían más bien haber sido fusilados. El paso siguiente es averiguar la identidad del juez y caerle encima. Nadie se toma el trabajo de hacer una pedagogía indispensable en un país en el que las instituciones han sido borradas por un lenguaje arcaico y maximalista. Ya no importa que Morote y compañía hayan cumplido las penas que se les impuso y que ahora tengan el derecho a recuperar su libertad. De nada vale que la ley sea la ley, más puede el impulso primitivo que desconoce códigos y normas. Que los maten y de paso al juez que ordenó su libertad. Que ejecuten a los rabanitos sanmarquinos porque obstaculizan a los buenos muchachos deseosos de estudiar. Perú, años sesenta, Pedro Beltrán dirige La Prensa, Radio Reloj da la hora minuto a minuto denunciando a los eternos estudiantes que trafican con el resentimiento social de los provincianos miserables que tuvieron que venir a San Marcos, nido de ratas, madriguera de rojimios.

“Toda repetición es una ofensa” dice el valse “Desdén”, de Miguel Paz. Escuchar a Butters, a Magaly Medina, a Leiva expresar ese odio virulento que reditúa en rating mediante expresiones y calificativos que correspondieron a un contexto distante y completamente diferente, es en efecto una ofensa. Los posts, los memes cruentos en los que se sataniza al sanmarquino con el sambenito eterno del resentimiento social y el rechazo al sistema hablan de una realidad que se ha transformado en mucho pero que no tiene capacidad para permear el lenguaje. Éste sigue siendo brutal, excluyente, descalificador, y suele venir de cerebros estrechos atosigados de ignorancia y de torpeza. El lenguaje, entonces, se hace realidad. 

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