Edición 2533: Jueves, 5 de Abril de 2018

¿Por Qué Becerril y no Ellos?

Escribe: Rafo León |“Las cualidades de los guardaparques están en las antípodas de la conducta de las autoridades”.

No acabo de entender por qué no nos sorprende que el propietario de una radio provinciana, antes que dedicarse a emitir música y noticias, concentre sus esfuerzos en extorsionar a autoridades y personajes de la localidad y que esa sea la ruta para convertirse en congresista. De esos sobran. En cambio a mí por lo menos me llamaría la atención que algún guarda parques que trabaja para el SERNANP, llegase a ocupar un cargo político importante. ¿Será que la pauta ética de la autoridad ya está marcada por la informalidad, la ilegalidad y la pertenencia al mecanismo de la corrupción, que se alimenta a sí mismo y excluye como en una máquina centrífuga a quienes no encajan en él?

Conozco a muchos guardaparques que están sirviendo en algunas de las 72 Áreas Naturales Protegidas que conforman nuestro sistema nacional. Por lo general son biólogos que han entrado al circuito, muy jóvenes pero como las posibilidades de ascenso que les ofrece la institución son limitadas, permanecen por muchos años en un cargo cuyo hábitat natural es el campo y no el escritorio. Gracias a lo cual suelen ser unos sabios en cuanto a la realidad natural y cultural que configura su zona de protección.

Siempre son escasos; en el Perú existen áreas protegidas del tamaño de países europeos, apenas vigiladas por una decena de muchachos y chicas que con su uniforme verde desde antes de que salga el sol ya están monitoreando especies, observando lo registrado por los sistema de vigilancia nocturna, identificando huellas que indiquen la presencia cercana de algún mamífero grande, denunciando la presencia de cazadores ante una policía que en la mayoría de los casos es la entidad que oficiosamente ha otorgado esa licencia. Se corren riesgos,  este conflicto genera amenazas de muerte contra el vigilante y ya vemos cómo en Brasil y en México el crimen organizado acaba con quienes cuidan que no se tale árboles valiosos ni se dispare contra animales, allí donde esas actividades están prohibidas.

Personas que desarrollan con su equipo de trabajo relaciones de amistad imperecederas, dado que enfrentar enemigos comunes une a la gente. Enemigos comunes son la policía corrupta, invasores de terrenos, depredadores, mafiosos de todas las magnitudes. También los contratos por plazos cortos que firman con su institución. Y la lucha diaria para que los viáticos que reciben alcancen para comidas decentes. Alguna vez un joven guardaparque de Amotape, con un sentido del humor abierto y aguantador, me dijo: “Ya nosotros podríamos publicar un recetario con las mil formas de preparar el atún de lata. Diario nos alcanza para eso, cebollas, ají y arroz”. Pero no había quejumbre en su tono, apenas la constatación de una realidad muy dura pero por la que vale la pena seguir bregando porque sin ellos, las áreas protegidas ya serían tierras de nadie. De otro lado, hoy corren nuevos vientos en el SERNANP y es de esperar que estas absurdas formas de vivir y trabajar cambien, y pronto.

En un país en el que hablar por hablar es la esencia del discurso político y el canon del periodismo, encontrarse con los guardaparques es como abrir la ventana de una habitación demasiado tiempo enclaustrada. Estos profesionales suelen ser absolutamente precisos en la descripción de cada objeto o fenómeno comprendido dentro de su especialidad. Y si no tienen en el momento la referencia exacta, lo explicitan, se comprometen a buscarla y la encuentran.

Están en todas las regiones del Perú donde existen áreas protegidas, se deben habituar a condiciones a veces demasiado exigentes en su tarea de recorrer y reconocer su terreno. Madrugan y al caer la tarde, luego de la cena con atún y arroz, algunos de ellos hablan por teléfono con sus familias, otros estudian, mientras los compañeros lavan su ropa, pero también he encontrado a quienes componen canciones para enseñar a los niños a cuidar el ambiente, o directamente escriben poesía.

Es inevitable sentir una peculiar emoción al entrar en contacto con los guardaparques. Conservan una cualidad invalorable: no hablan de política ni de nada al estilo de las redes sociales, aunque las consulten. Jamás discuten sobre lo que no dominan y menos aún usan el perverso argumento ad hominen. No son de otro mundo: simplemente son precisos y objetivos hasta para dar el abrazo de despedida al visitante.

Las cualidades que he encontrado entre los guardaparques en mis viajes están en las antípodas de la conducta, el decir y el actuar de las autoridades, locales, regionales, nacionales. Me sigo preguntando si así habrá de ser para siempre o de pronto se produce un cambiazo y la gente que debe llegar, al fin llega.

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