Edición 2531: Miércoles, 21 de Marzo de 2018

Republiqueta Cachaquera

Escribe: Rafo León |“Da lo mismo, que lo vaquen o no lo vaquen. Seguiremos sometidos al miedo militar”.

Lima, 18 de marzo de 2018

Mientras se iba enredando en los cables que él mismo había traído para reconectar el internet en mi casa, el muchacho respondió a mi pregunta: “Igual que lo vequen (sic) o no lo vequen (sic), yo voy a seguir siendo pobre”. Dicho lo cual dio por terminado su trabajo, y por supuesto no reparó nada y al cerrar la puerta dejó todo peor a como lo había encontrado. Sin embargo me legó un tema para esta columna, que se escribe el día domingo 18 de marzo por la mañana.

Horas más tarde bajé al pequeño jardín común del edificio en el que vivo a respirar la brisa veraniega que llega del mar, uno de los pocos placeres que nos da el enfermizo clima limeño. Una tarde en perfecta paz, sol tibio, silencio, plantas, flores, aves y sin internet. De pronto la peor de las realidades se metió en escena con un ruido intolerable: aviones de guerra sobrevolaban la ciudad. Aparecieron de sorpresa (son de guerra) pero tardaron más de dos horas en irse.

Da lo mismo, que lo vaquen o no lo vaquen, que se elija a García, a alguno de los Fujimori, al Moradito, a Cordero y Velarde. Seguiremos sometidos al miedo militar.

Ese día se había aprobado debatir la vacancia al zafio lobbista que tenemos de presidente. La sensación de incertidumbre, el no saber qué pensar, la indiferencia que solapa a la angustia se iban instalando en nuestro ánimo. Y cuando entré a las redes para ver si alguien me explicaba por qué el cielo veraniego de Lima se manchaba con aviones de guerra rasando los edificios, aterrorizando a niños y a perros, encontré una constante en posts, tweets y likes: “Golpe militar”. En la mayoría de casos el comentario se acompañaba de frases de rechazo pero en muchos otros, de entusiasmo, por fin una salida al callejón sin salida.

La política no es un sistema que comprometa solamente a nuestra conciencia y razón. Si fuera así, viviríamos en el mundo perfecto de los zombis. La política es también un estanco interior, emocional, inconsciente, fantasioso, que nos vincula a favor o en contra de determinado sistema. Si se siente que pase lo que pase se seguirá siendo pobre es porque en el corazón de ese muchacho mal pagado, ignorante y descalificado para el trabajo que desempeña, se ha acunado una noción de lo político como la realidad de los otros, no la suya.

Igual, si a la primera interpretamos que el golpe militar ya está en curso debemos entender entonces que dentro de cada uno de nosotros subsiste la posibilidad de lo castrense –amenaza o salvación, escoja usted– como una realidad perenne e imposible de cambiar. No es la democracia el sistema que hemos introyectado sino la dictadura militar. De no ser así, a nadie se le ocurriría imaginar que unos aviones bananeros, que ensayan para el estúpido festival que habrá esta tarde en la Costa Verde, salían de sus hangares para librarnos del caos. Nuestra idea de poder ha creado una instancia invisible pero omnipresente, situada por encima de lo que nos han hecho creer, y que de pronto cobra cuerpo en el ruido de los motores de unos aviones comprados con coima, arruinando una plácida tarde veraniega. El siguiente paso habría de ser la voz del heraldo negro en los medios, con fondo de las orugas de los tanques aplanando la ciudad: “Comunicado del Comando Conjunto de la Fuerza Armada…”.

Pero no es que estemos locos, hay razones de más para intuir que nuestra democracia enmascara a un poder castrense que se instala de facto. Ahí está la relación tan estrecha que Montesinos cultivó entre los militares y Fujimori. De la cría militar es el cardenal que nos hemos echado encima, feliz colaborador de los paramilitares en el Ayacucho del terror. Marino en retiro es el congresista Tubino, capaz de presentar un proyecto de ley que pena con cárcel a quien manifieste una posición crítica frente a la Iglesia, pero sin tener la más remota idea del contenido de su propia iniciativa. Es un marino, un militar, no le pidas más de lo que sabe hacer. Cachacas a paso de ganso son las rabonas del fujimorismo, autoritarias como las rabonas de Abimael. De innegable estirpe militar es el deseo constante de una gran parte de los peruanos por la mano dura que chanque a los homosexuales, que fusile a los delincuentes, que primero haga y después explique. Y no me hagan hablar del popularísimo don Isaac Humala, oiga usted.

Nos hemos equivocado, nuestro régimen político no es presidencialista, es cachaquista.

Loading...