Edición 2528: Martes, 6 de Marzo de 2018

Las Enormes Pelotas Del Rey

Escribe: Rafo León | “Bartra defendió su proyecto de trabajo juvenil esclavo como la Iparraguirre a Gonzalo.”

El rey está calato, él cree que no, pero todos le vemos las carnes caídas, moradas, el vello del cuerpo encanecido, las pecas implacables sobre la piel rojiza. Su séquito, sin embargo, nos lo quiere presentar como si fuera un Alejandro el Magno con sus ideas claras y sus frentes bien definidos. Pero no, el rey está calato y en política una vez que quitaste un velo lo de abajo ya se perdió en el reino de lo obvio, hay que cambiarlo.

Los asesores del rey son intonsos y arrogantes. Creen que basta con unir a las fuerzas de la derecha rebruta y hacer que sus hombres –y mujeres– hablen fuerte y mal encarados para afianzar la figura de un timonel. Meche Aráoz tenía una, una sola virtud. Sabía ponerse nerviosa cuando hablaba en público y eso la volvía conciliatoria y en algo humana. Ahora se expresa con un achoramiento digno de la Cuculiza y arremete contra Javier Diez Canseco en una de las maniobras más despreciables de las que tengo memoria.

Cayetana Aljovín cuando fue ministra de asuntos sociales desplegaba un encomiable disimulo a su natural cara de asco para parecer dulce y socialmente deglutible. Hoy en la Cancillería, puesta para maniobrar el tema Maduro, echa saliva desde sus colmillos y sus ojos acuosos, lista para acusar de terrorista a quien se le cruce en el camino.

El rey está en pelotas, pero la corte sigue trabajando. Le queda al rey poco tiempo para respirar, Barata le va a arrebatar el snorkel. Pero él se siente como un gato panza arriba, no sabemos si ya muerto o todavía. A quien le canta sus verdades lo acusa de… ¡comunista!

Comunistas eran los que Esparza Zañartu veía bajo las piedras y hacían temblar a mis primas Goyburo, no fuera que los amigos de Javier Heraud se hubieran contagiado de esa peste. Comunistas fueron los perseguidos en Hollywood por pensar distinto del triunfalismo gringo de la posguerra. Comunistas, al igual que los gitanos, los judíos, el cuco, eran los garantes de que los niños en los años cincuenta comieran toda su papa, porque si no se aparecían y se llevaban a los chibolos al camal.

Tubino no da la talla para gran visir –en realidad para nada– pero se presta, y en su afán de apuntalar la cruzada contra el comunismo presenta un proyecto de ley que castiga a quien critique a las religiones. Rosa María Bartra, leche aguada y pan de ayer, defendió su proyecto de trabajo juvenil esclavo como la Iparraguirre a Gonzalo. Y calificó a los críticos de su mamarracho como terroristas.

Roque CONFIEP Benavides fue demasiado más allá y saltó al ridículo: “los practicantes son los que deben pagarle a las empresas”.

El rey calato, o ya se olvidó o se hace el memo. Los comunistas de hoy somos quienes lo pusimos en el trono. Pero ojo que el rey no había resultado tan tonto como su cara nos lo prometía. Experto en virajes, en cuatro días previos a las últimas Navidades pasó de ser defendible a impresentable, pero él está seguro de que nadie se dio cuenta. Lo mismo ahora, que en campaña emprende una cruzada contra toda fuerza que le sea incómoda. Incómodo en este caso significa puesto en evidencia ya no solo por lobbysta: por corrupto en extremo.

Grupos de jóvenes mal disfrazados de legionarios atacan una muestra de arte en el MAC por comunista. Perros rabiosos entran al chifa Asia dispuestos a desollar a un joven chino que hasta perdió a su perrito. En el canal del Estado se está acabando con todo lo que consiguió hacer Hugo Coya, apagar la imagen y cerrar el sonido producen el olvido.

El rey pone su poto calato en el trono. Se absuelve a Pozo, prospecto de violador y feminicida; un hombre digno como Daniel Peredo, ya muerto, es subido a los altares y su ataúd, paseado ritualmente sobre el gramado del Estadio Nacional. Nadie dice que todo sea intencional y estraté- gico: ocurre así porque el clima que trata de imponer el rey calato es el del autoritarismo y el miedo, combinado con un populismo de aserrín: aumento del sueldo mínimo vital y la puja para que el Perú se retire de la Corte de Costa Rica. Sin olvidar, por supuesto a la siempre a la mano pena de muerte.

¿Qué hacer con los harapos que fue dejando el rey en el camino? Que le pregunte él mismo a Kenji, hijo de quien creó una fundación para lucrar con ropa usada donada a los pobres por almas buenas. ¿No habrán sido también comunistas? 

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