Edición 2521: Jueves, 11 de Enero de 2018

Rigidez

“Rígido es el espejo en el que se refleja gran parte de los peruanos. Mano dura, chinochet, electroshock, odio...”.

Lima, 7 de enero de 2018

Hitler fue en gran medida lo que fue porque descubrió el mecanismo para transformar su rigidez en grandiosidad. En un tiempo en el que a las masas se las movilizaba en mítines y no por la televisión, el Führer desplegaba exagerados gestos corporales adoptados del cine mudo, mediante los cuales transmitía una suerte de superioridad existencial que hoy nos parece ridícula. Pero el judío austriaco sabía cómo controlar a millones con su cuerpo y su voz. Para lo primero ensayaba al milímetro en el estudio de su fotógrafo munichense Heinrich Hoffmann, donde aprendió a sacarle provecho a la ausencia de afecto y empatía, a pulir la rigidez hasta obtener liderazgo y omnipotencia.

Las comparaciones entre Hitler y Alberto Fujimori se inclinan por el lado de la rigidez y allí terminan. Cómo no recordar al presidente del Perú en campaña para ser reelegido por tercera vez, bailando como un viejo robot el tema del Chino. Chino, chino, chino. La figura parecía soldada en las articulaciones, apenas levantaba una pierna mientras que en la cara se mantenía la sonrisa ladeada que ofrecía traición, como el escorpión. Y para compartir el absurdo, obligó a un semi aristócrata Francisco Tudela a subir al estrado y seguirlo en esa danza de palitroques.

Hay muchas maneras de ser arribista, todo depende de hasta dónde se quiera llegar y para qué.

Fujimori encarna un modelo que aspira acceder al control absoluto de las instituciones del país y tiene como fin la venganza. Su historia personal es la de quien nunca perteneció. Su estirpe japonesa no era lo suficientemente acomodada como para alternar con la elite de respetables descendientes de nipón asimilados a la población peruana por derecho propio. Fujimori era un marginal que comenzó a integrarse a través del matrimonio con Higuchi, una mujer de familia pudiente, educada y satisfecha dentro de la colonia.

Fujimori no era nadie y eso suele producir rigidez cuando no se sabe cómo comportarse entre personas que se llevan bien consigo mismas. Duro, anafectivo, sarcástico, solo disfrutaba de dos cosas, el ajedrez del poder y la pesca, un hobbie que lo liberaba de alternar con otros que pudieran haber puesto en evidencia su nadería y su afán de cobrarse una deuda con la sociedad. El código que estableció dentro de su familia no distaba del que aplicó durante sus diez años de gobierno. Frialdad, grisura, represión de cualquier emoción espontánea o peor aún, de opiniones propias.

Memorables los videos que Kenji grabó e hizo grabar en su adolescencia. El muchacho pone el muslo para que Puñete se desahogue. Persigue con la cámara a una abuela que huye del lente, ofuscada y perdida. La cámara entra a un escritorio donde está papá reunido  con el tío Vladi, y se toma el atrevimiento de grabar a este desde el tocado que la Pinchi Pinchi le hacía cada mañana. Ambos, apá y tío voltean en contrapicado y esbozan el rictus ladeado del bacalao, el disolver, el paseo nefasto sobre los cadáveres de la Embajada de Japón.

Rígido, solo podía resolver sus cuitas maritales mediante el electroshock y el tapiado de las puertas. No tenía alternativa que no fuera la de refugiarse en cuarteles donde los militares le ofrecían el sistema castrense como encaje para su inflexibilidad. Así, solo pudo gobernar apelando a la mentira, la insolidaridad, el crimen y el inmenso robo. Imposible que en un hombre de hielo seco pudieran haber cabido los valores que conforman una visión de estadista.

Rígida la hija, los otros hermanos. De dos de ellos no sabemos nada porque la orden paterna es la de la desaparición. La rigidez no admite preguntas. Keiko Sofía comenzó al lado de su padre a mostrar rasgos de empatía y contacto pero con el tiempo y sus circunstancias se trasformó en la máscara de odio que parada sobre una pila de libros, saludaba a sus simpatizantes desde una terraza que le quedaba alta. Su opinión respecto a los beneficios de posponer la construcción de una irrigación es el audio que complementa la escena grotesca de los libros pisoteados: no importa cómo se haga, lo quiero para mí.

La foto familiar que circula en las redes en las que los cuatro hijos posan con el padre recién salido del umbral de la muerte (¡ay!), aparte de que no incluye a la madre exhibe un muestrario de infelicidad y dureza. Sonrisas que ya no salen, miembros calcificados, cuerpos que se tocan según el estereotipo, con miedo, con aprensión.

Rígido es el espejo en el que se refleja gran parte de los peruanos, hoy. Mano dura, chinochet, electroshock, odio y venganza.

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