Edición 2520: Jueves, 28 de Diciembre de 2017

Pellejo de Tanqueta

Escribe: Rafo León | “Me alegra haber visto caer como frutas podridas a los congresistas que me despellejaron”.

Santa Eulalia, 24 de diciembre de 2017

¿Te hace sentido una autoridad del más alto nivel que mientras lidera un golpe contra la democracia, salga a la arena para denunciar a un personaje de ficción por atentar contra la dignidad de la mujer y a amenazar al periodista creador del personaje y a exigir que los anunciadores dejen de auspiciar a la revista donde este escribe? ¿Y te suena coherente que una congresista que ha recibido prisión suspendida por cuatro años debido a probados actos de corrupción, y que permitió que un colega de bancada dijera de ella “tiene buenos pechos” y jajaja, de pronto se muestre como la víctima de una ofensa intolerable a su condición de mujer?

A mí sí me hace sentido y me suena coherente que gentes cerriles y fanáticas (y sinuosas como una carretera cordillerana) monten autos sacramentales con alguna finalidad política no evidenciada. Llámense cortina de humo, venganza o simplemente el deseo de hundir al que no está de su lado.

Digamos que no es el comportamiento político más civilizado pero se da, y en todo el mundo. Cabe perfectamente en el molde de los ahora desconcertados  integrantes de Fuerza Popular arrasar con las libertades de prensa y expresión porque ellos en mucho se parecen a los mineros ilegales y a los contrabandistas. Allí la luz y la seguridad y la disciplina de una empresa formal que se quiere instalar en sus territorios los afecta como la Kryptonita, los pone en evidencia y ellos solo se mueven en lo tenebroso.

Digamos que las amenazas de Galarreta dieron cierto resultado. El mismo día de su conferencia de prensa me llegó una carta de una empresa con la que yo tenía un contrato, en la que se me anunciaba la rescisión del mismo. A los pocos días me enteré de que había sido desembarcado de un festival internacional de literatura “por incómodo”. En las redes mi nutrida lista de amigos se vio rápidamente reducida, y el compromiso de un par de empresas de hacer juntos materiales de promoción turística de pronto se esfumó en la niebla de las llamadas no contestadas y el silencio administrativo más elocuente.

No escribo estas líneas para victimizarme, ya tengo pellejo de tanqueta en eso de convertirme en el leproso del mes porque por lo general no me detengo a la hora de opinar por escrito, acá en Caretas o en el Facebook. Es más, ni siquiera pretendo hacer recordar a nadie la conducta represiva y fascistoide de Galarreta frente a mi caso. Ojo, mucho menos busco que todo el mundo suscriba a la China Tudela, un personaje con el que hasta yo tengo problemas y al que no sé por dónde llevar, si es que decido continuar con ella. No, eso sería necio y delirante. Pero sí demando a los periodistas a que jamás dejen de poner por delante la libertad de prensa y expresión.

Beto Ortiz, Hudtwalcker, Mávila Huertas (hoy tan bien ponderada), Pamela Vértiz en la televisión. Todo Ampliación de Noticias, Butters, la Leiva y sabe dios quiénes más, en la radio. Varios en prensa escrita, si consideramos periodistas a Hugo Guerra y Vásquez Kunze. Todos los mencionados se centraron en la parte del episodio que podía, haciendo un esfuerzo, leerse como ofensiva, y se rasgaron hasta los calzones ante cámaras y micros y teclados, mientras la mayoría de las organizaciones feministas se sumaban al coro de los indignados. Ninguno de los periodistas citados puso énfasis en el “pero” disyuntivo entre crítica a un caso particular pero defensa cerrada de la libertad de prensa, o saludaron a la bandera. En cambio una feminista por la que siento respeto especial me comentó hace días, “mi institución decidió no condenarte porque poner a Cecilia Chacón de defensora de los derechos de la mujer nos parecía demasiado”.

Lauer, Tola, Álvarez Rodrich, Gorriti, Mario Vargas Llosa, cada uno a su manera, estableció la verdadera naturaleza del principio de la libertad de prensa y expresión. Indicaron sus discrepancias y hasta desagrado por la China Tudela y luego vino el “pero”: pero nada debe justificar una amenaza a la libertad de decir, opinar, escribir lo que al periodista se le cruce por la cabeza, y si hay excesos (en los que yo no creo), pues ahí está el Código Penal y sus opciones.

Mi curriculum cierra este año con un baldón más: racista, clasista, machista. Lo asumo, nunca ganaré premios ni recibiré reconocimientos, y tampoco seré invitado a los festivales de cultura. Pero me alegra mucho haber visto caer como frutas podridas a los congresistas que me despellejaron. Me faltan ahora los periodistas. 

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