Edición 2518: Jueves, 14 de Diciembre de 2017

Bergoglio, el Reino de Este Mundo

“La crisis del catolicismo es mundial. Y Juan Luis no es el mejor aliado de Francisco”.

Misterio, 10 de diciembre de 2017

Números más, números menos, un mensaje en las redes se pregunta, “¿Está bien que el Estado le pague el sueldo a 132 obispos y arzobispos, 568 sacerdotes y 1,120 seminaristas?”. Es parte del descarnado sinceramiento que nos toca en estos tiempos, hacer la autopsia prematura a una institución que no es capaz de ponerse al día porque ello le significaría ceder en las bases de su poder terrenal. La iglesia católica nos manda a su Papa en enero (el evento le cuesta al Perú 37 millones de Nuevos Soles). En cuanto a cantidad seguramente las misas comunitarias papales se llenarán de multitud. Cualitativamente, en cambio, abunda la gente que dice no querer comulgar más con ruedas de molino y se muestra distante, ácida, crítica respecto a la venida de Bergoglio. Hoy, ya no el ateísmo, el rechazo a la institución más antigua de la historia da lustre, expresa libertad de pensamiento. A la iglesia se la mide con la misma vara que a los partidos políticos o a los poderes del Estado. El reino de este mundo.

Ya no es la empatía con los pobres el tema que podría reunir al catolicismo con la feligresía. La pobreza ha dejado de tener el discreto encanto que le colgó el Concilio Vaticano II, almácigo de la que fuera poderosa izquierda cristiana en la América Latina de los años setenta. Hoy la pobreza se combate con inversión social desde los gobiernos, y desde el lado de los carentes, con un emprendedurismo más bien pragmático y distante de los valores cristianos. La fe en un dios bondadoso, la vida eterna, el perdón de los pecados pasaron a ser antigüedades cristalizadas en el lenguaje, con relativo significado para la gente realmente existente. Bergoglio ante un juego tan reducido de opciones ha tomado la preocupación ambiental como eje de su pastoral. Jesuita, Bergoglio desde su altísima investidura respalda a través de su cadena de mando a los párrocos de zonas mineras que luchan por la salud de las comunidades afectadas y la primacía del verde sobre el oro. La elección de Madre de Dios como una de las tres sedes donde posará el Papa su zapatilla de terciopelo rosa, está muy lejos de ser casual.

Alguna vez el entonces presidente de la Sociedad Nacional de Minería me dijo sotto voce que en gran medida la oposición al extractivismo venía de una bronca brutal entre los jesuitas y el Opus Dei. Los primeros solidarios con la salud ambiental y social, el Opus del lado del capital puro y duro. Pocos abrazos de Judas tan mediáticos serán vistos en todo el mundo como el saludo de Cipriani a Francisco. Sin embargo para la masa de gente que sigue el tema, el cuidado del ambiente deja de ser relevante comparado con asuntos en los que la iglesia está directamente concernida. La horrorosa pedofilia clerical y la barrera inamovible del secretismo por parte del Vaticano. La condena del aborto, la negativa a que las mujeres accedan al mismo nivel que los hombres en la jerarquía eclesiástica, la defensa cerrada al culinario rol femenino tradicional, la sacralización de la familia en un momento en el que la perspectiva de género tanto como el elevado porcentaje de hogares llevados por mujeres, barrieron con el modelo Ingalls.

Parece no haber dudas frente a que el concepto de género y sus implicancias en la vida real está reportando uno de los mayores cambios dados en la historia de nuestra civilización. Bergoglio mira a un costado y los sectores más radicales de la institución llegan al extremo de unirse con lo que siempre han llamado “sectas”, en la cruzada #conMisHijosNoTeMetas. Diera la impresión de que el último reducto de la feligresía fueran los mensajes kitsch frecuentes en las redes, cadenas de oración recargadas por el uso y el abuso del recurso tecnológico, y ciertas prácticas no menos caricaturescas como la creciente ola de rosarios semanales en las casas de señoras de la high que ya cumplieron como madres y como esposas, y se aburren. La idolatría popular –esa que produce maravillosos rituales generalmente reconocidos por UNESCO– es un mundo aparte, más ligado a la antropología, a la artesanía y al turismo cultural.

La crisis del catolicismo es mundial y ha llegado para quedarse a Latinoamérica, el territorio que siempre fue considerado el más fiel a su confesión. Entre nosotros la distancia creció de manera acelerada desde que Cipriani tomó el cargo de cardenal. Digamos que Juan Luis no es el mejor aliado de Francisco, ni ante la feligresía el representante de una caridad humana y solidaria. Por eso irrita tanto que encima lo mantengamos con nuestros diezmos indirectos.

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