Edición 2517: Viernes, 8 de Diciembre de 2017

2017, un Año de Mierda

“De pronto hemos descubierto que PPK no es ajeno al escándalo de Odebrecht”.

Han muerto una decena de amigos, las veces en las que he ido a distintos velatorios superan a mis sedadas primeras horas de la mañana en el Haití de Diagonal. Pero en realidad esto no es culpa del año sino de los años. Tampoco le reclamo al 2017 un exceso de exposición pública negativa por el castigo que me han aplicado de manera unánime impresentables fujimoristas y feministas de postín, unidos en un concepto de lo políticamente correcto que anulan las diferencias.

Te despiden de un trabajo en TV que has llevado por diecisiete años, a contramano de lo que continúan exigiendo quienes eran tus seguidores. A comerte tus ahorros, a sobrellevar los abusos de la compañía de seguros que se supone vela por tu salud. La culpa de todo esto no la tiene el año 2017 sino mi año 2017.

Cada quien tiene sus razones para catalogar al 2017 como uno de los años más trágicos, o mediocres, o decepcionantes, o desesperanzadores. Un año con el espíritu del mal menor, ese que nos ha hecho elegir a gobernantes que si no están en la cárcel, deberían estarlo. Espíritu blandengue y resignado.

Un año en el que gracias a Lava Jato, a las movilizaciones #NiUnaMenos, a una hemorragia de mensajes en las redes sociales, se han transparentado males como la gran corrupción, la violencia contra la mujer, el déficit que tenemos en educación, la laya lumpenesca de un Legislativo cooptado por organizaciones menos políticas que delincuenciales. Sin embargo, sobrevive la sensación de que ya nada se puede hacer, salvo depositar en el fútbol nuestra necesidad de cambio.

Durante el año que termina se han fortalecido ciertos hechos como parte de nuestro ser, condiciones con las que deberemos convivir, taras de las que nunca nos habremos de librar. Cincuenta de las principales empresas que operan en el país adeudan a la SUNAT siete mil millones de dólares. No le deben a SUNAT porque no existen en papeles las asociaciones de mineros ilegales e informales que en dos años han desaparecido 550 hectáreas de bosque primario en la Reserva Nacional Tambopata.

Es normal que varios congresistas fujimoristas tengan intereses en este sector extractivo tan perverso que ha producido la próxima visita de un Papa. No solamente nunca habrá de mejorar el tráfico en nuestras ciudades sino que siempre será peor. Demasiados autos conducidos por gente desesperada, irresponsable, despreciable. Pero el parque automotor no se reducirá porque hay mafias que lo impiden. Mafias como las que controlan el negocio de la basura en las regiones costeras del país, donde circular por la Panamericana es sumergirte en cerros de plásticos, de pañales cagados, de malolientes toallas sanitarias. Banderas de plástico negras ondean prendidas de ramas de algarrobos muertos. Así somos, así seremos.

Así somos: se quema Cerro Ventarrón, el testimonio más antiguo de los orígenes de la civilización en el norte, y nadie tiene la culpa aun cuando se sabe quién la tiene. La reconstrucción de las zonas afectadas por el Niño Costero se atraca, fracasa, las autoridades no se ponen de acuerdo, hay mucho gallinazo para un burro muerto de varios miles de millones de dólares.

De pronto hemos descubierto que PPK no es ajeno al escándalo de Odebrecht. Pero no porque necesariamente haya sido sobornado sino porque es normal que nuestros presidentes comulguen con la lógica corrupta que viene a ser la locomotora de los grandes negocios. El Congreso por su parte se ha encargado de sacar de la arena a los ministros del actual régimen que exhibían decencia, capacidad técnica, voluntad. Debilitado el oficialismo, extorsionado por los fujiapristas, no es de sorprender que para 2018 se haya destinado a cultura, el 1 por ciento del presupuesto nacional.

El friaje ha matado en este año a muchos niños de las punas. La mala alimentación, basada en arroz y fideos, debilita a los pequeños y los hace más vulnerables a las temperaturas bajas. No habrá manera de que los peruanos nos vayamos a informar con claridad sobre las características de los alimentos envasados, los productores no lo quieren y los congresistas tampoco. ¿Qué parte no hemos entendido de esta repetición eterna de lo mismo? Por tarjeta o por versión virtual ya están llegando los mensajes que te desean Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo. Frase hecha con la que habremos de convivir y morir, no hay forma de cambiarla. ¿Será por eso que el año 2017 no solo no fue próspero sino que resultó una mierda?

 

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