Edición 2516: Martes, 28 de Noviembre de 2017

Fábula de Figurinni y la Paisana Jacinta

Escribe: Rafo León | “No me gustaría ver al presidente del Congreso exigiendo que retiren el auspicio a la Paisana”.

Lima, 26 de noviembre de 2017

Figurinni es la  marca figurada de una pasta muy popular entre las mujeres entre 18 y 60 años de los sectores C y D. Desde que apareció en televisión la Paisana Jacinta, personaje creado por Jorge Benavides, Figurinni ha sido su principal auspiciador y al diseñarse la producción de un filme sobre Jacinta, los robustos fideos aportaron buena parte de los fondos para el proyecto.

No me gustaría ver al presidente del Congreso, a ningún ministro ni autoridad estatal exigiendo a Figurinni que retire el auspicio a la creación de Benavides sobre la base de que se trata de un esperpento racista que denigra a la mujer campesina de los Andes. La situación planteada no es real pero sí rigurosamente verosímil. Hace tres semanas Luis Galarreta, presidente del Congreso, en conferencia de prensa pintó a la China Tudela –personaje de mi creación– como un agente discriminatorio por raza, clase y género, y exigió a la empresa equis que dejara de patrocinarme y que se anulen los contratos de publicidad suscritos entre CARETAS y empresas privadas anunciadoras. Un inequívoco gesto de  censura de la libertad de prensa y expresión, además de que ninguna autoridad pública tiene la potestad de interferir en contratos celebrados entre privados, salvo que atenten contra alguna ley en vigencia. Una bravuconada imbécil contra un personaje de ficción que satirizó a personas inexistentes en una situación imaginada.

La Paisana Jacinta es sumamente desagradable, transmite un cliché de la mujer andina que responde más que a la realidad,  a lo que Benavides y los gestores del respectivo canal de televisión tienen en sus cabezas. Una caricatura  insultante, que denigra y ensucia pero que congrega una marcada preferencia en los sectores sociales concernidos. La estrategia de Ferrando y la China Tudela: cuanto más me maltratas, más te quiero.

Entrevistado por Lamula el abogado analista en casos de racismo, Wilfredo Ardito, reseña la normatividad que nos rige en cuanto a combate contra el racismo: “El artículo 323 del Código Penal, el Código de protección al menor y algunas ordenanzas municipales y regionales… tenemos a la Defensoría del Pueblo, que resuelve casos pero no puede sancionar. También existe Alerta contra el Racismo, pero tampoco sanciona… El 10 de marzo se publicó la Ley 30171 que establece que es un agravante al delito de discriminación si se hace en medios tecnológicos o informáticos”. Este cuerpo de normas condena actos específicos de discriminación. Que se impida ingresar a una discoteca a jóvenes  por su aspecto físico cae dentro de la legislación aludida. En cambio la calificación de racista aplicada a un personaje imaginado que está en el aire, resulta más difícil porque bordea la subjetividad. El vacío legal que impide censurar a la Paisana Jacinta se supone que debe ser cubierto por el mecanismo de la autorregulación, ese que amenaza pero pocas veces cumple, pues al final tiene que ceder ante el volumen económico y financiero que significa la inversión publicitaria en televisión. Por su lado, la presión de la sociedad civil es intensa pero se mantiene en el espacio organizacional de ONGs y colectivos creados ad hoc, en una suerte de llover sobre mojado. Es sin embargo esta prerrogativa de las personas la única calificada para determinar qué es lo que ellas mismas quieren consumir, y qué descartar. Mientras tanto decenas de miles de televidentes aplauden al repugnante personaje de Benavides, ríen a mandíbula batiente con ese travestido, desdentado, sucio y mañoso ser inexistente con el que se desea identificar a la mujer peruana de zonas rurales. Esa es la razón por la que se mantiene en el aire con tan buena salud.

Detesto a Jacinta por eso no la sintonizo ni pienso ir a ver la película. He firmado algún comunicado exigiendo que por decisión de la empresa televisiva el personaje deje de estar en el aire. Sin embargo, al no haberse dado una restricción en la demanda de consumo de ese mamarracho insultante, pues su mundo ya accedió a la pantalla grande y forma parte de la historia de nuestro cine. Por mi parte jamás suscribiría públicamente una moción para que el Estado, a través de alguno de sus organismos, interviniera para fumigar al personaje. Estoy convencido de que la libertad de creación y de elección están por encima del buen o mal criterio de los productos de comunicación en el mercado. Una sociedad libre está compuesta por ciudadanos que eligen y que no permiten que el Estado les imponga sus criterios, que siempre son los de un sector social acotado. Veo una foto de la Paisana Jacinta y me recorre un escalofrío de desagrado. Dejo de verla.

Loading...