Edición 2504: Jueves, 7 de Septiembre de 2017

¿Estás seguro?

Analistas económicos se preguntan por qué el mercado de los seguros crece tan lentamente en el Perú. La clase media se ha expandido y ostenta, robusta, las cifras de una solidez nunca antes vista en nuestro país. Y sin embargo, la previsión –ese componente indispensable para calificar la calidad de vida– no aparece en la canasta familiar de los nuevos beneficiarios de casi una década de crecimiento continuo. ¿Qué pasa con los peruanos, que preferimos ser estatistas en cuestiones de seguridad social?

No sé si yo tenga la respuesta, pero sí una buena historia. Estoy asegurado desde hace más de 20 años en la misma empresa, pago un promedio de 7 mil dólares al año, un monto que a medida que envejezco aumenta y a la vez me cubre menos atenciones. Hay cosas de la vejez que no las arregla ni el patrono de las aseguradoras. Por su lado, la madre de Ana Jara estaba afiliada a ESSALUD, e igual se murió en la emergencia de un hospital del Estado. No sé cuánto pagaría la familia Jara por el seguro social de la señora, pero yo he preguntado a algunas personas cercanas que se encuentran en el mismo régimen, y sus aportes son en promedio de 180 soles al mes, contando la pensión y la salud.

Necesito pasar por una revisión médica, es más o menos urgente porque el dolor ya está interfiriendo en mis tareas, tampoco duermo bien. Mi médico trabajaba en la Clínica San Borja, pero se pasó a la flamante Delgado, elegante como un hotel de Miami. Llamo para pedir una cita con mi doctor, la recepcionista me dice que tiene un cupo el 10 de octubre. Demasiado lejos, le pido así fuera un entreturno. Me da una chance: “Si usted prefiere tener una consulta privada, le puedo dar la cita para la próxima semana”. No entiendo, o mejor, sí entiendo pero me cuesta. Vuelvo a preguntar, más específico esta vez: “¿Cuánto me costaría la consulta privada?”. Trescientos cincuenta soles. Claro, en cambio, si yo espero al 10 de octubre y me hago atender con mi seguro, yo solo pago el deducible, 80 soles.

Entendí todo. Apoquino 7 mil dólares anuales por un seguro de salud, pero si quiero usarlo para una atención regular, mi condición de asegurado en un sistema privado se convierte en un obstáculo. ¿Empezamos los privilegiados a parecernos a los pobres que deben pasarse horas y hasta días esperando ser atendidos, en un pasillo del Almenara lleno de camas con enfermos, moribundos, desahuciados y esperanzados? Es curioso, la diferencia entre 180 soles al mes y 7 mil dólares al año se anula ante la posibilidad de pagar 100 dólares rabiosamente en efectivo y sin deducible alguno, por una consulta.

Los seguros privados en el Perú deben ser un paradigma para el mismo negocio en otros países. Las compañías en los últimos años han ido expandiéndose hasta completar el circuito de tu vida, cobrándote peaje en cada etapa. Atención en clínicas privadas, sistemas EPS, farmacias, funerarias. Un proceso en el que el control de todas sus fases es la mejor garantía de que te van a esquilmar, sin contar con ninguna alternativa, puesto que todas las empresas del rubro hacen lo mismo.

Pero acá, en lo de la Clínica Delgado, me enfrento a una cosa distinta. Resulta que los médicos que reciben pacientes asegurados terminan cobrando sumas ridículas por cada uno de ellos. La clínica entonces les da la alternativa de fijar un cupo máximo de estos pacientes al día. Personas cuyas citas no deberán pasar de los 15 minutos. ¿Qué puede revisar un médico en un enfermo en 15 minutos? Ya no le tomará los indicadores básicos, sino que irá de frente al mal, sin contexto, sin diálogo. Como revisar a una máquina que expende café.

En cambio, los que pagan cash y sin cobertura, aun cuando abonen 7 mil dólares al mes, son atendidos con dedicación, tiempo, conversación, empatía. No hay lonche gratis, dicen los neoliberales, tampoco hay estetoscopio ni lavativa al gratén. ¿Es este un negocio más de las compañías de seguros, cobrar y casi obligar al cliente a no usar su seguro, o se trata de un ‘bisnes’ de la clínica y los doctores? ¿O todo junto? Podría ser. Los médicos cobran fuerte y la clínica recibe también una coqueta suma por cabalgar a pelo, sin las complicaciones que comporta la previsión como derecho ciudadano. Digo yo, si esto no es una estafa, nos encontramos ante una muestra espléndida de innovación y creatividad empresariales.

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