Edición 2503: Jueves, 31 de Agosto de 2017

‘Acá es Así’

Lima, 26 de agosto de 2017

La empleada de una vecina sale todas las mañanas con la manguera conectada a un caño del que sale agua potable para regar el jardín exterior de la casa. Así, desfogando la cisterna, la joven piensa en lo que le gustaría estar haciendo en lugar de eso, mientras pinta la vereda de gris azulado con el agua potable que sigue saliendo de la manguera.

En la cuadra siguiente, el vigilante de un edificio de ocho departamentos hace lo mismo, solo que la fachada y los jardines son mucho más grandes, grass y por ahí un arbusto de molle. Y la vereda, por supuesto, tan brillante como imposible de transitar, puesto que te puedes resbalar y romperte la crisma.

Es un espectáculo imbécil y diario. El desperdicio de un recurso cuya posesión es ahora la mayor fuente de poder. Quien controla el agua del planeta, es quien controla al planeta. En las redes sociales se debate sobre el tema, la gente cuelga fotos de otros irresponsables haciendo lo mismo y llueven los insultos, los denuestos, los desgarrones de indignación. Un comentarista coloca la que parece la frase realista: “Pero bueno, hay que regar los jardines, ¿no?”. La otra opción sería que los alcaldes obliguen a retirar el grass y remplazarlo por alguna especie suculenta que no requiera de agua. Sin embargo, ya todos sabemos que eso no se resuelve sino con la actitud del doctor Chantada. Olvídelo.

Raqchi es una comunidad situada al sur del Cusco, a mitad de la ruta que conduce a Puno. Está anexa a un espléndido conjunto arqueológico, el gran templo que Pachacútec mandó levantar en honor de Wiracocha cuando los incas derrotaron a los chancas. Todos los días decenas de buses de turistas llegan casi hasta la plaza del pueblo para descargar a los viajeros que visitarán el sitio arqueológico y luego se detendrán en la feria de artesanía de la comunidad, donde se ofrece la mejor cerámica de todo el Perú.

Mientras los turistas hacen lo suyo, los choferes de las unidades de transporte aprovechan para dar la vuelta y ponerse de nariz hacia la carretera. Esto significa que una decena de vehículos meterán sus escapes humeantes en la misma plaza donde las señoras de Raqchi, muchas de ellas con sus niños pequeños, se intoxican a la mala. Me acerqué donde uno de los choferes que hacía eso, le hice ver que se trataba de un delito. “Delito va a ser cuando agarre mi cuchillo y te lo meta”, fue su respuesta.

La realidad está dada, si los comuneros de Raqchi quieren seguir vendiendo su cerámica, si los turistas desean caminar bordeando la laguna artificial que Pachacútec creó al lado del usno ceremonial, pues todos deben acatar el envenenamiento de los gases que salen de esos tubos de escape. La agresividad del chofer es la yapa de la contaminación. Es lo que hay.

En Cusco, en Puno, en Arequipa, muchas casonas antiguas han sido transformadas en hospedaje. Estrellas más, estrellas menos, es todo un asunto quedarte en lo que fuera la mansión de un marqués o el convento de unas monjas ricas. Antes el INC, hoy el Ministerio de Cultura, han extremado el rigor a la hora de supervisar esas adaptaciones, con la finalidad de que se conserven las características originales del inmueble.

Esa es la razón por la cual no se permite construir sistemas de cañerías que transporten con rapidez el agua caliente desde las termas. La consecuencia es que abres el caño y debes esperar en muchos casos hasta diez minutos con el agua fría corriendo, hasta que se empieza a entibiar. He escuchado más de una vez a turistas indignados que pedían la cancelación de sus reservas porque se negaban a estar en un lugar donde el desperdicio del agua no fuera un problema. La respuesta de los administradores de los establecimientos, las que he escuchado, han ido por ahí: “Lo sentimos mucho señor, pero acá es así”.

Detalles puntuales, pequeñas cosas de las que están hechas las grandes cosas. Es decir, si yo no puedo detener que se bote el agua potable ni que se intoxique a una comunidad, jamás voy a creer en que la macroeconomía va a estar al servicio de la gente, o que la corrupción podrá ser menguada o que Trump se va a morir amargado porque su proyecto fascista fracasó.  

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