Edición 2502: Jueves, 24 de Agosto de 2017

No Sufra, Usted es Todos

Lima, 20 de agosto de 2017

A ver, usted no ve sino la parte de los noticieros cuando toca el momento futbolero o el magazín de chismes. Apenas ha pasado al lado de un quiosco de periódicos para enterarse de que Keiko le da órdenes a PPK y ojear al lado la publicación naturista que le interesa, con una buena noticia para los que tienen la próstata inflamada. Por lo demás, su información sobre lo que pasa en el Perú, y sobre todo en el mundo (porque el Perú, m’hijo, ya no parece parte del mundo), la absorbe del aire, en la radio del colectivero y eventualmente cuando feisbukea para colgar fotos con su flaca, ambos cubiertos con el barro de las pozas mágicas de Chilca. Le quiero decir que usted es, y no se sienta culpable por ello, un desinformado funcional, lo que no significa que no tenga un criterio ya hecho sobre el quehacer mundial, puesto que usted, tal como es, representa al 95% de los seres que habitan el planeta y el 98% de quienes votan en los Estados Unidos.

Para usted, el mundo está en peligro, y no solo para usted. Pero ese peligro tiene dos nombres y dos latitudes: en Latinoamérica, acá a la vuelta, está Venezuela, su Maduro, su riqueza petrolífera, su condición de polvorín aliado de Putin, de los chinos, de Irak. En Asia está un extraño dictador con pinta de mutante llamado Kim Jong-un, presidente hereditario y perpetuo de Corea del Norte, donde se encuentran los mejores policías de tránsito del orbe, pero no hay autos que circulen. Ambos monstruos son las principales amenazas, no para la democracia que a usted la verdad no le va ni le viene, sino para la supervivencia de nuestra especie, incluidos su esposa, sus mellizas, su mamacita y su trampa.

Pero usted, ignorante y todo, no es tonto ni malo: sabe que en los Estados Unidos un muñecón de guiñol llamado Donald Trump, sentado en el trono más poderoso entre los existentes, es una bestia negra racista, enemigo de los derechos de los grupos poblacionales que él y la derecha gringa consideran anómalos (migrantes pobres e ilegales, gays, lesbianas, oscuros de piel, musulmanes, entre otros), un animal decidido a acabar con todo lo que Atila le dejó a su paso con su caballo. La cosa se complica cuando usted se va dando cuenta de que Trump es el vector en el que confluyen su rechazo y el de todas las personas sensatas y democráticas existentes, contra Maduro y Kim Jong-un.

Entonces el asunto se vuelve bien simple. Si hay que acabar con el lunar comunista de Venezuela y el otro lunar comunista de Corea del Norte y sus misiles letales, no queda sino confiar en Trump. No existe en este momento otra fuerza político-militar que permita con realismo garantizar que mañana nos habremos de despertar vivos. Es así que usted, yo y millones de personas, hemos llegado a la conclusión de que a Trump no lo pusieron solamente las urnas en el poder, sino (y sobre todo) una suerte de pensamiento colectivo que recorre todas las latitudes del planisferio, la razón de la sobrevivencia, la latente sabiduría del ser humano que al final siempre defiende su derecho a vivir.

Esa lógica que lleva a cerrar filas en torno al único poderoso que está del lado de lo seguro y lo conocido, es la del sometimiento al imperio, amigo. Usted, al pensar así, está deseando que Trump acabe con las dos gigantescas amenazas comunistas lideradas por locos delirantes, y no importa que se lo cobre después expandiendo su poder sobre inmensos territorios a los que les borrará las fronteras porque se los va a comer: Amazonía, Antártida, océanos, montañas donde cultivar amapola, selvas altas donde sembrar coca, espacios donde crecen de manera natural plantas medicinales que aún pueden hacer lo que la farmacéutica ya no. O también los hotpoints donde todavía hay aire respirable, que después le será vendido a usted a precios de joyería.

Pero vamos, usted está más que acostumbrado a elegir el mal menor para así evitar una catástrofe. Ahí están Alan, Toledo, Humala, PPK. Claro, ninguno de ellos consiguió darle la tranquilidad de saber que no vamos a caer en cualquier clase de abismo, pero al menos nos libraron de precipicios más hondos. Tranquilo, deje que los dos hemisferios de su cerebro se amisten entre ellos y que su impecable lógica en favor de la vida lo lleve a optar por quien deba hacerlo. Mañana se juega un partido de fútbol y usted quiere llegar vivo.          

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