Edición 2498: Jueves, 27 de Julio de 2017

“No Hemos Sabido Comunicar”

Escribe: Rafo León | “La comunicación en el terreno político es el mecanismo para la resolución de conflictos”.

Lima, 21 de julio de 2017

En la mesa final de cualquier congreso, taller o seminario sobre algún tema, se suelen presentar las conclusiones de equis días de trabajo, la parte más aburrida del evento, pues tenemos que escuchar lo que ya sabemos. Pero hay un broche de oro que no falla, y surge como una respuesta a los interrogantes desplegados durante la reunión, en la que generalmente se ha estado buscando la salida a situaciones difíciles. Maltrato infantil, feminicidio, mal comportamiento ambiental, abuso de drogas, bullying, en fin, causas nobles siempre. Pues bien, como quien abría el sobre con el nombre de la ganadora de Miss Guanajuato, el presidente de la mesa develaba hasta hace unos años la panacea que terminaría con el problema: la educación. Hoy con el auge de las redes, entre otras razones, el corolario que remedia los males del mundo se llama comunicación.

La comunicación resuelve los problemas generacionales y acaba con las drogas como un insecticida poderoso. Une abismos, acorta la distancia entre pobres y ricos, entre sanisidrinos y amueshas, entre lesbianas radicales y clero extremista. La comunicación es el fin y el medio, la cuarta virtud teologal, la Coca Cola en el desierto.

Cuando estaba de moda la educación como la divina pomada, había que comprenderla como un proceso en el cual alguien que sabía algo trasmitía ese algo a otro que no lo sabía, y en ese flujo se iba salvando las vidas de miles de mujeres a las que los maridos no iban a golpear hasta acabar con ellas. Es decir, el que no sabe es una tabula rasa sobre la cual el que sabe inscribe un sistema de pensamiento y su correspondiente buen comportamiento. El tema de la comunicación es igual pero distinto. Alguien que sabe algo se lo transmite a otro que no lo sabe para que se entere y así juntos volvamos al Perú la Suiza que todos deseamos.

La comunicación en el terreno político es entendida como el mecanismo para la resolución de conflictos. Ya estamos acostumbrados a que nuestras autoridades expliquen sus caídas en las encuestas con el argumento de que “no hemos sabido comunicar nuestros logros”. Y aquí me detengo, porque las Fiestas Patrias son ocasiones formidables para la emergencia de este argumento, a la hora de evaluar una gestión de gobierno.

Para el político en el poder, basta con comunicar para que sus logros sean aceptados por los gobernados. No importa si los mencionados logros lo son o no para los segundos, pues se supone que comunicar es otra manera de denominar a la persuasión y el convencimiento. Ergo, la falla del gobernante ha ido por no haber podido inclinar la opinión pública a su favor, al margen del contenido de las medidas políticas que conforman el debe y el haber del periodo que finaliza.

Planteadas las cosas así, el modelo ideal de comunicación es el que aplicó Vladimiro Montesinos durante la década fujimorista. Desde una central de inteligencia estatal se chantajeaba a periodistas, se compraba canales y canalazos de televisión y emisoras de radio, se sobornaba a dueños de diarios, se subvencionaba a líderes de opinión, como Laura Bozzo y el famoso collar de oro. ¿El resultado de esa estrategia de comunicación? Óptimo. La ciudadanía suscribía hasta los suspiros de Fujimori y su gavilla de truhanes, y quienes no lo hacían eran automáticamente retratados como terroristas, locas perdidas, ladrones o cachudos, en las primeras planas de la prensa chicha.

Se dice que PPK es percibido como lejano al peruano de a pie, “porque no sabe comunicar”. ¿Qué significa realmente eso? Significa que PPK no tiene la menor idea de lo que el ciudadano de a pie piensa, anhela, detesta o aspira con relación a su vida, la de su familia, su futuro, sus sueños. Se sabe de más que hay pobreza y que tenemos indicadores que se agravan año a año, como el de la desnutrición infantil. Sin embargo, para el gobierno eso es un enigma. A pesar de la crisis, seguimos creciendo, no hay razón para que te lamentes por lo que existe a medias y dejará de existir el día que yo, gobernante, aprenda a comunicar mejor el contrato con LAP para construir la segunda pista del Jorge Chávez, o contrate a una empresa gringa de public relations para que me haga la tarea de esfumar la desnutrición de mis preocupaciones. La comunicación, como se entiende hoy en este mundo de marketeros, es pues una derivación de la publicidad comercial, en la que solo se tiene que ser lo que se expresa. El resto es tu culpa.  

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